ProInnóvate inicia una nueva etapa con el reto de llevar la innovación a una escala mucho mayor y, sobre todo, fuera de Lima. Su nuevo director ejecutivo, Sergio Rodríguez, plantea pasar de las 1,000 o 1,500 empresas que atiende actualmente el programa a entre 10,000 y 15,000, fortalecer los ecosistemas regionales y acercar herramientas de digitalización y tecnología a sectores tradicionales como el comercio y los servicios.
En entrevista con Infomercado, Rodríguez explica la estrategia para alcanzar esa meta, anticipa que buscarán comprometer recursos de los gobiernos regionales y plantea una mirada que desafía uno de los paradigmas del ecosistema emprendedor: antes que apostar por unas pocas startups “superestrellas”, sostiene que el país necesita muchas pymes innovadoras y emprendimientos tecnológicos capaces de generar empleo, productividad y desarrollo en sus territorios.
Usted asumió recientemente la dirección de ProInnóvate y ha señalado que quiere impulsar un enfoque de desarrollo productivo desde la innovación. ¿Qué significa esto frente a lo que ya venía haciendo el programa?
ProInnóvate tiene ya 19 años y es un programa nacional bastante exitoso en términos de haber generado muchos casos de empresas que han logrado crecer a través de la innovación. Hoy tenemos un país que necesita mejorar la productividad de sus empresas. El gran debate público para seguir creciendo es justamente la productividad. Y la innovación impacta directamente en ella. Cuando una empresa es innovadora es más eficiente, conquista nuevos mercados, exporta y se internacionaliza. La innovación es una gran herramienta. Es un enfoque que existe desde hace muchos años en los países desarrollados y que en el Perú también se ha venido dando progresivamente.
Programas como ProInnóvate han contribuido mucho al desarrollo de una cultura de innovación en Lima y también, poco a poco, en las regiones. Pero para que el impacto de esta intervención pueda ser relevante en términos macroeconómicos, tenemos que llegar a muchas más empresas. Debemos pasar de atender a 1,000 o 1,500 empresas, como hacemos hoy, a llegar eventualmente a 10,000 o 15,000. Evidentemente, no es sencillo. Es un programa muy intensivo en la acción del funcionario porque hay que firmar contratos con las empresas, monitorearlas y ayudarlas a cumplir con sus proyectos. Entonces, tenemos que empezar a pensar en formas más sencillas, dinámicas y ambiciosas de llegar a más empresas.
Cuando señala «llegar a más empresas», ¿se refiere a ampliar el número de compañías que postulan a los distintos fondos de ProInnóvate?
Exacto. Queremos ampliar la cobertura. Ahora, lo cierto es que el número de empresas innovadoras o que tienen potencial de innovación todavía es relativamente bajo. Según estimaciones de Produce, habría entre 60,000 y 80,000 empresas a nivel nacional que tienen condiciones para innovar, adoptar tecnologías o desarrollar investigación. Cuando hablamos de desarrollo productivo, hablamos de que es necesario sumar más empresas a ese grupo. Para ello, primero es necesario abordar fases previas a la innovación: calidad, acceso a tecnologías y digitalización. Son estándares que hoy exige el mundo y a los que las empresas necesitan adaptarse para ser más productivas. Es ahí donde tenemos que ampliar nuestra masa crítica.
¿Los elementos que menciona son las barreras que enfrentan las empresas para postular a los fondos?
No necesariamente para postular. En general, son condiciones que las empresas necesitan desarrollar o brechas que deben cerrar antes de pensar en nuevos productos o modelos de negocio. Primero, una empresa, para posicionarse en el mercado y ser saludable en términos de su propio equilibrio entre ingresos y egresos, necesita acceder adecuadamente a los mercados. Y eso implica, por ejemplo, estándares de calidad. Para conectarse con el mundo y con sus clientes, y ser más eficiente, necesita tener procesos digitalizados, sistemas ERP, CRM y todos los sistemas que hoy se utilizan para acceder a más clientes y mejorar los procesos. Estas son acciones vinculadas a la innovación, pero no son innovación propiamente dicha; no estamos hablando todavía del desarrollo de un nuevo producto. Toda esa etapa previa es la que queremos masificar a través de este nuevo enfoque. Después, cuando tengamos un público más amplio, innovador o potencialmente innovador, podremos entrar con los proyectos de innovación.
¿Su gestión se enfocará en determinados sectores productivos?
Para poder dar este paso, la clave son las regiones, porque es ahí donde está la gran brecha de productividad. El DER es el programa que hemos implementado desde hace ocho años es la semilla que necesitamos justamente para llegar a las regiones de manera más masiva. Se implementó un proceso de desarrollo de grupos impulsores, conformados bajo el modelo de triple hélice, que desarrollaron un plan estratégico y ejecutaron proyectos en el marco de ese plan. Esos planes se han ido actualizando y han conducido al lanzamiento de concursos regionales financiados por ProInnóvate, pero adaptados a la realidad regional desde los propios grupos impulsores. Ellos nos han dicho cuáles deben ser los parámetros de las bases y cuáles son los sectores donde deben implementarse los concursos, porque son quienes conocen la realidad regional.
Por ejemplo, en Piura existen áreas de especialización vinculadas a la agroindustria y actividades agropecuarias de alto valor agregado; logística, transporte y desarrollo fronterizo; sostenibilidad, economía circular; así como industrias culturales y turísticas. Son potencialidades seleccionadas por el propio ecosistema regional y constituyen sus prioridades. Son ellos quienes nos dicen dónde debemos intervenir. Ahora, más allá de esta priorización que hacen las regiones, tenemos claro que ProInnóvate debe entrar con más fuerza en sectores donde se concentra mucha población económicamente activa y existe baja productividad, como servicios y comercio. En servicios y comercio tradicional tenemos restaurantes, talleres mecánicos o imprentas, donde hay mucha gente empleada y baja productividad. Ahí debemos llevar herramientas que tal vez no sean todavía de innovación propiamente dicha, pero sí de digitalización, calidad, estándares y tecnología.
Siguiendo de cerca la experiencia del DER Piura, a veces se percibe cierta desconexión entre el trabajo de estos grupos de la sociedad civil y lo que hacen los gobiernos regionales y locales. ¿Puede ProInnóvate ayudar a generar una mayor articulación para que estos esfuerzos trasciendan los cambios políticos?
Todo proceso de desarrollo, sobre todo en el Perú, tiene oportunidades de mejora. Sabemos que el tema político muchas veces ha tenido su propio camino. La idea es que los gobiernos regionales y municipales estén alineados con este enfoque. De hecho, el gobierno regional participa en el grupo impulsor y, más allá de la parte política, existe una planta técnica que permanece y transciende la gestión. Esa es la que, de alguna manera, lleva la representación de estos procesos.
Pero sí es cierto que tenemos que hacer un esfuerzo mayor para involucrar con mucha más fuerza a la parte política. De hecho, estos fondos regionales que hoy estamos aplicando serán renovados a partir del próximo año, pero esta vez vamos a pedir a las regiones que también aporten parte de los recursos, en la medida de sus posibilidades. Por ejemplo, si hoy hemos tenido un DER Piura de S/2.7 millones, el próximo año podemos decirle a la región Piura, o a otras regiones: “Ustedes ponen S/2 millones y nosotros ponemos S/2 millones”. Juntamos S/4 millones y hacemos algo más ambicioso. Esa es también la estrategia y por eso estamos desarrollando un instrumento denominado fideicomisos regionales, que tiene justamente esta lógica: ProInnóvate pone una parte y la región, distrito o provincia coloca la otra. Sabemos que existen limitaciones, pero la idea es salir a promover esto con las regiones de manera muy intensa y proactiva, con el ministro de la Producción y el Ministerio de Economía, buscando un alineamiento con esta estrategia de desarrollo.
Actualmente se han destinado fondos a siete regiones. ¿Se ampliará la cobertura? ¿Por qué se comenzó únicamente con estas regiones?
Este es un proceso que empezó hace ocho años. Aproximadamente S/70 millones se han invertido en el fortalecimiento de los grupos impulsores de 13 regiones. Ha sido un proceso progresivo. Las regiones que empezaron antes son las que han podido llegar a este punto porque han recorrido estos ocho años y ahora están en condiciones de conducir sus propios concursos regionales. Las más nuevas todavía están formalizando sus planes estratégicos de desarrollo emprendedor, sus diagnósticos y otros componentes. Es un proceso que ha ido avanzando progresivamente porque, evidentemente, no tenemos recursos para todos en una sola entrega. Lo que sí tenemos garantizado para el próximo año, con el nuevo programa del BID, es completar las 25 regiones en una primera etapa. Vamos a formar los grupos impulsores, realizar los diagnósticos de los ecosistemas emprendedores, elaborar sus planes y empezar la ruta. Tenemos previsto contar con más recursos y, si logramos el compromiso de algunas regiones, los recursos podrán rendir mucho más.
¿Qué ocurrirá con los InnovaSuyu durante su gestión?
A lo largo de estos ocho años vemos que es una herramienta muy interesante para transferir conocimiento y compartir experiencias. Vamos a mantener esa línea porque es fuerte e importante, pero también queremos enfocarnos en los concursos regionales. Queremos que una mayor cantidad de recursos vaya directamente a los emprendedores y las empresas, mientras el grupo impulsor continúa monitoreando, ampliándose y compartiendo experiencias. La idea es que la mayor parte de los recursos llegue a los concursos, porque ahí es donde se desarrolla la innovación.
De acuerdo con su experiencia, ¿realmente se está innovando en las regiones? ¿En qué sectores observa mayor potencial?
Yo creo que sí. En general creo que sí se está innovando. Hay un tema importante: el mercado en las regiones es un poco más frágil. Existe menos demanda de productos innovadores y hay sectores más vinculados a cadenas primarias: agroindustria, pesca; en algunas regiones de la sierra, minería; y en la selva, bio negocios, pesca y acuicultura. También están el comercio y los servicios. Esos sectores van a seguir existiendo. No van a desaparecer por una estrategia de innovación de productos; seguirán generando empleo y siendo los principales motores de las economías regionales. Lo que busca ProInnóvate es que esos sectores se modernicen. Nadie dice que no puedas tener una cadena primaria moderna. Lo vemos en la industria agroexportadora: las grandes empresas son muy modernas, prácticamente fábricas de frutas para exportación. Esa modernidad es la que queremos llevar a los sectores primarios de todo tipo y también a los pequeños productores y las Mypes. Ahí creemos que está la mejora de la productividad: en modernizar esos sectores.
Muchas de las innovaciones que encontramos en las regiones están justamente vinculadas a estos sectores dentro de sus cadenas de valor. Por ejemplo, productos de biofortificación, alimentos saludables basados en cultivos regionales con valor agregado, productos de logística y transporte para hacer más eficiente la cadena productiva y productos de biotecnología para mejorar los procesos y los cultivos. También productos de economía circular que ponen en valor residuos, mermas y descartes de la industria, la pesca o la agricultura. Todo esto ayuda a sofisticar la cadena, modernizarla y generar empresas alrededor de las cadenas tradicionales. Eso genera productividad.
¿Se podría decir que las siete regiones que actualmente reciben estos fondos son las que están liderando el desarrollo de la innovación fuera de Lima?
Yo diría que sí. No quiero que eso desanime a las demás o se entienda que están muy atrás, pero sí son regiones que han mostrado mayor dinamismo. Definitivamente, Arequipa, San Martin, Piura, Cusco y Tacna están entre las regiones que más proyectos tienen. Son zonas que históricamente han tenido más proyectos a nivel de ProInnóvate. Hay ecosistemas un poco más fortalecidos, mejores universidades y más activas en términos de innovación, investigación y desarrollo. También gobiernos regionales que en algún momento han apostado y validado estas estrategias, además de una masa empresarial muy comprometida.
Destaco mucho esto último. Si bien el ecosistema emprendedor pone el foco en los emprendedores y las empresas jóvenes o nacientes, también es muy importante que las grandes empresas aporten a esta estrategia y participen. Pueden estar presentes, aportar ideas y financiamiento cuando sea necesario, participar en actividades, captar talento del ecosistema emprendedor y, en el mejor de los casos, desarrollar procesos de innovación abierta para atraer empresas y emprendedores que puedan resolver sus problemas. El sector empresarial es muy importante porque representa al sector moderno de la economía. Finalmente, lo que buscamos es que el sector tradicional se modernice. Y qué mejor manera de hacerlo que vinculándolo cada vez más con el sector moderno mediante desarrollo de proveedores, innovación abierta y otros instrumentos que queremos promover y que consideramos muy relevantes.
La innovación todavía no conecta con la gente de a pie. Incluso algunos inversionistas sostienen que muchas propuestas innovadoras no necesariamente buscan resolver problemas cotidianos. ¿Cree que los concursos de ProInnóvate están logrando esa conexión?
Creo que falta un poco más de visibilidad y también entrar con mayor fuerza en lo que mencionaba al inicio: la gran masa de empresas de servicios y comercio tradicional. Ahí sí puedo reconocer que falta avanzar un poco más. Pero tenemos casi 9,000 proyectos financiados y, cuando uno revisa los casos, encuentra muchísimas innovaciones interesantes para el día a día o que ayudan a transformar cadenas productivas. Por eso la misión de ProInnóvate ahora es ampliar su alcance y su cobertura, y llegar a estos sectores un poco más tradicionales, donde está la mayor cantidad de gente. Si uno sale a la calle y pregunta qué es innovación, probablemente muchas personas no tengan una idea clara porque sus sectores, sus cadenas productivas o sus actividades económicas siempre han sido muy tradicionales y con poca innovación. Ahí sí hace falta avanzar más.
En los concursos de ProInnóvate muchos proyectos no obtienen financiamiento. Sin embargo, existe un esfuerzo para plantear una idea y desarrollar una propuesta. ¿Se puede trabajar con esos postulantes, considerando que una idea que no calificó para un programa específico podría seguir teniendo potencial?
Sí, totalmente. Creo que la clave está en hacerle entender a la gente que la innovación es un proceso de mucho esfuerzo, estudio, análisis y perseverancia. A veces se confunden los concursos con la idea de que uno tuvo una idea genial, la presentó, ganó porque es un genio y eso es todo. No funciona así. Es como postular a una universidad complicada: uno postula, a veces no ingresa, vuelve a intentarlo. El que participa de manera especulativa, simplemente para ver si le sale, probablemente no va a llegar. Lo que quiero transmitirles es que hay que esforzarse, seguir trabajando en la idea y, sobre todo, articular mucho y buscar colaboración. Hay que conversar con las universidades, investigadores y personas que tienen conocimiento en los temas que queremos desarrollar. También hay que revisar mucha información. Hoy el conocimiento está al alcance de todos. Creo que con esfuerzo, una buena idea y, sobre todo, un buen emprendedor, una persona perseverante, es posible obtener un fondo. Hay que tener un poco de paciencia.
¿Está entre sus metas que el Perú llegue a tener una startup unicornio o considera que esa ya no debe ser una prioridad para el ecosistema?
Eso sería genial, sería espectacular. Pero la realidad es que tal vez yo prefiero tener muchos emprendimientos de base tecnológica que generen empleo y estén vinculados a cadenas productivas donde hay mucha gente involucrada, y que eso ayude a generar modernidad y productividad. Prefiero tener muchos de esos que pocos muy grandes que, si bien generan visibilidad para el ecosistema y muchos ingresos tributarios, no tienen un efecto tan transversal en la economía. Yo prefiero muchas pymes innovadoras y muchas startups creciendo, generando empleo y bienestar, antes que muy pocas que sean superestrellas. Si me das a elegir, prefiero eso. Idealmente quisiera tener los dos.
Sobre todo en Latinoamérica, donde existe mucho sector primario y mucho comercio y servicios tradicionales, el unicornio se ha ido desvaneciendo como paradigma del ecosistema emprendedor exitoso. Hoy, un ecosistema emprendedor exitoso es aquel que pone en valor las potencialidades del territorio y genera empleo a partir de la innovación y el desarrollo tecnológico. Eventualmente, mediante un proceso progresivo, también podríamos llegar a tener emprendimientos tecnológicos muy visibles en el mundo. Pero nosotros, como Estado, apostamos primero por construir un campo fértil para la innovación y el emprendimiento. Los mejores seguramente podrán seguir creciendo.