Tras pasar por el sistema financiero, enfrentar la caída de su negocio y apostar por modelos que no funcionaron, Cecilia Chávez decidió arriesgarlo todo junto a su esposo y comenzaron desde cero con un terreno en quiebra. Así empezó La Granja Villa, un proyecto que convirtió un espacio campestre en uno de los centros de entretenimiento familiar más importante del Perú.
Cecilia Chávez
Cecilia reconoce que no nació con espíritu emprendedor, sino que este surgió por una necesidad económica y personal. Siendo madre soltera de un niño de dos años y trabajando como bancaria, se enfrentaba a carencias viviendo en una casa prestada en construcción, por lo que anhelaba poder brindarle a su hijo un entorno formal para su primer día de colegio.
Durante su etapa en el banco, ella manejaba la mesa de dinero y moneda extranjera, asesorando a sus clientes. Uno de estos clientes, un extranjero que hablaba poco español y confiaba en ella gracias a los buenos resultados de sus consejos financieros, le prestó diez mil dólares para que iniciara su propia empresa de corretaje, la cual conectaba a compradores y vendedores para cerrar una transacción.
Con este capital, Cecilia implementó una oficina en el segundo piso, arriba del cine Pacífico en Miraflores, logrando establecer su clientela con los intermediarios de diferentes bancos.
Mientras trabajaba en este rubro, conoció a quien se convertiría en su socio y esposo y padre de su hija Samantha, Víctor Chamorro. Él era economista y trabajaba en atención al público directo en el rubro de cambios en el Jirón Ocoña, según el canal El Inversionista TV.
Antes de La Granja Villa
Al unir fuerzas durante la época de Alan García, lograron reunir un capital importante siendo formales y seguros, llegando incluso a comprar un camión blindado y contratando personal de seguridad para sus operaciones financieras.
Cuando la situación económica y el tipo de cambio se estabilizaron en Perú, entre 1992 y 1993, el negocio de cambios dejó de ser rentable y la pareja decidió explorar nuevos caminos.
Inicialmente intentaron incursionar en el sector hotelero durante las privatizaciones en ciudades como Cusco y Tarma, pero al no contar con suficiente capital para superar los precios base, fueron rechazados.
Impulsada por su espíritu inquieto, Cecilia convenció a su esposo de buscar una franquicia, por lo que viajaron a una feria en Washington entre 1993 y 1994, donde evaluaron opciones como McDonald´s y Dunkin Donuts antes de decidirse por un centro de entretenimiento familiar mexicano llamado Moy Park.
Tras visitar Guadalajara, compraron la primera franquicia de este tipo en Perú, inaugurando su primer local lleno de luces y colores. Pese a que el modelo original de la franquicia fracasó y quebró a nivel internacional, Cecilia y Víctor lograron alcanzar el punto de equilibrio en Perú al reducir sus gastos, llegando a tener seis locales puerta a calle y abriendo un segundo espacio de mil metros cuadrados en Larcomar antes que se popularizaran otros centros comerciales.
Sin embargo, Cecilia se desilusionó de este formato de máquinas tipo arcade al notar que no existía un valor agregado, ya que la competencia se instalaba copiándolos.

Historia de La Granja Villa: Inicios
El verdadero cambio para el inicio de La Granja Villa estuvo marcado por el amor de la pareja hacia los animales y la naturaleza. Mientras invertían en un hotel en Tingo María, comenzaron a rescatar animales silvestres que pasaban de Pucallpa a Lima, construyendo allí un centro de rescate para especies en peligro de extinción.
Gracias a esta experiencia dual en el manejo de masas en entretenimiento y el cuidado de animales, fueron invitados a participar en la licitación para el zoológico de Huachipa; aunque ganaron la propuesta técnica, perdieron en la propuesta económica.
Frustrada pero con la idea ya en mente, Cecilia recibió una llamada de uno de los dueños de una propiedad llamada La Granja Villa, la cual estaba quebrada. En ese entonces, el lugar constaba de 15,000 metros cuadrados y operaba como un restaurante campestre estilo pollería con unos pocos juegos y animales.
Al visitar el terreno, Cecilia visualizó de inmediato el proyecto que quería iniciar, es así que inició La Granja Villa en 2002 como un centro recreacional.
Dado que el costo de la tierra era muy elevado y no contaban con el financiamiento necesario, la pareja tomó la decisión de vender todos sus bienes, incluyendo su casa y su automóvil, para comprar la propiedad y mudarse a vivir dentro de las instalaciones, en la zona que actualmente funciona como cocina y pollería.
Es en este entorno donde creció su hija Samantha Chamorro, quien desde su primer año de edad acompañaba a sus padres a ferias internacionales, vendía fichas desde la etapa del nido, pasaba sus tardes después del colegio compartiendo con los animales rescatados y, tras graduarse, decidió estudiar medicina veterinaria para complementar el negocio antes de integrarse de lleno a la gestión y comunicación de la empresa.

Crecimiento
Desde sus inicios, La Granja Villa implementó una visión innovadora enfocada en la igualdad, estableciendo un sistema de tarifa única para todos que incluía los juegos de manera ilimitada para evitar la diferenciación.
Con el paso de los años, el parque experimentó un crecimiento monumental, expandiéndose de 15,000 metros cuadrados a un total de 40,000 metros cuadrados, equivalente a cuatro hectáreas.
Gran parte de este éxito se encuentra en la política de reinvertir el 20% de los ingresos anuales para renovar el parque y mantenerlo oxigenado.
Esto permitió la incorporación de tracciones como la única piscina con olas de Lima, el tobogán gigantesco Black Hole, zonas de dinosaurios y juegos modernos como el simulador 360 y el Cuy Loco, que destacan por contar con tematización de la cultura peruana y con certificaciones internacionales desde Italia.
Además, consolidaron un modelo de zoológico enfocado en el bienestar animal, donde los animales son geriátricos o rescatados, reciben entrenamiento positivos para responder a sus nombres, cuentan con zonas de calefacción, música de meditación y no son utilizados como producción.

Planes
Con planes de crecimiento para este 2026, la corporación diversificó exitosamente su propuesta creando un gran grupo de entretenimiento.
Lograron incursionar en formatos de negocio como Cosmic Bowling en Plaza San Miguel, un espacio tematizado como nace espacial dirigido al público más juvenil; el complejo hotelero en Tingo María; e Inflaventura, con sedes en el Jockey Plaza y en Arequipa, siendo este último un inflable gigante de más de 2,000 metros cuadrados con temática glow, luces y efectos especiales.
Asimismo, la empresa se encuentra internacionalizándose, con proyectos de expansión en Chile y México mediante conceptos innovadores que también buscan replicar en Lima.
Por otro lado, bajo la visión comercial de la nueva generación, la empresa sigue implementando herramientas de inteligencia artificial en diferentes procesos operativos y de mantenimiento mediante un sistema especializado manejado por el personal y recursos propios de la empresa.
Contactos
Web: La Granja Villa
Instagram: @lagranjavilla_oficial
YouTube: GranjaVilla
TikTok: @La Granja Villa