La transformación de residuos agrícolas en insumos de valor comercial avanza en el Perú mediante el proyecto Bioinsumos para un Agro Competitivo y Sostenible, ejecutado por la organización Perú Justo y Orgánico en Piura, La Libertad y San Martín.
La iniciativa, impulsada por el Programa SeCompetitivo de la Cooperación Económica de Suiza SECO y facilitada por Helvetas Perú, plantea convertir la materia orgánica en activos biológicos con impacto financiero directo en las parcelas.
Bajo la dirección del ingeniero Roberto Salazar Córdova, la propuesta busca beneficiar a 450 productores directos y aproximadamente 2,600 indirectos mediante la adopción de esquemas de economía circular e insumos biológicos.
La materia orgánica en el Perú como estrategia de rentabilidad
El proyecto fundamenta su modelo económico en la sustitución progresiva de fertilizantes y plaguicidas sintéticos importados a través de la elaboración de compost, humus de lombriz, biol, biofermentos, biochar y microbiota nativa en la propia unidad productiva.
De acuerdo con las declaraciones de Roberto Salazar, ingeniero y director del proyecto, la evaluación financiera no se limita al rendimiento de volumen en kilos por hectárea, sino que prioriza la métrica de ingresos netos medidos en soles por hectárea para el agricultor.
La estrategia operativa abarca cuatro componentes técnicos desarrollados de manera interrelacionada. El primer componente se centra en la ejecución de ocho estudios técnicos para mapear el potencial real de biomasa disponible en los diferentes cultivos.
El segundo componente se enfoca en la producción técnica en campo y la aplicación directa en parcelas demostrativas. El tercer componente está orientado a la certificación de los insumos biológicos en coordinación con el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa).
Asimismo, el cuarto componente se dirige a la estructuración financiera adaptada a la realidad de cada cadena productiva para facilitar el escalamiento comercial.

Biofábricas y cadenas agroexportadoras en el sector agrario
La intervención abarca ocho cadenas productivas estratégicas distribuidas en la costa, sierra y selva peruana. En Piura el trabajo se enfoca en banano orgánico, mango y caña para panela, en La Libertad contempla cultivos de quinua y tarwi en Huamachuco, y en San Martín comprende café, cacao y palmito.
Además, el modelo promueve el establecimiento de biofábricas comunitarias administradas por cooperativas agrícolas, con un enfoque cruzado en equidad de género que impulsa a las mujeres a liderar emprendimientos dedicados a la producción y venta interna de bioinsumos.
En el ámbito industrial, Piura alberga una planta de producción de biochar operada por la empresa Inspiratus Technologies, donde se desarrollan formulaciones combinadas con compost y fibra de coco para cultivos como arándano en maceta, pimiento piquillo, algodón y caña de azúcar.

Validación científica y reducción de riesgos en el comercio exterior
Para respaldar técnicamente el desempeño de los insumos ante los mercados de exportación y las entidades financieras, el proyecto realiza muestreos periódicos de suelo para medir parámetros físicos, químicos y biológicos antes y después de las aplicaciones.
Esta medición objetiva busca mitigar riesgos como la degradación del suelo, la variabilidad climática y la presencia de trazas de plaguicidas que puedan limitar la oferta exportable del país.
Asimismo, la incorporación de biochar genera un impacto ambiental cuantificable al fijar carbono en el suelo, estimándose que cada tonelada de este carbón vegetal aplicada evita la emisión de aproximadamente 1.5 toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera.