El empleo juvenil es el único segmento del mercado laboral peruano que todavía no regresa a los niveles previos a la pandemia.
Así lo advirtió María Ormeño, gerente de Políticas Públicas del Instituto Peruano de Economía (IPE), quien detalló que, al segundo trimestre de 2026, aún faltan recuperar 330,000 puestos de trabajo para jóvenes de entre 15 y 29 años respecto a 2019.
Las mujeres jóvenes, las más golpeadas
La brecha de género es una de las caras más visibles del problema.
Según cifras del IPE para 2025, el 17% de los jóvenes peruanos no estudia ni trabaja —los llamados «ninis»—, pero esta cifra se dispara a 22% entre las mujeres jóvenes, casi el doble del 12% que registran los hombres en la misma condición.
Ormeño explicó que la población nini se concentra principalmente en los sectores socioeconómicos C, D y E, así como en zonas rurales, aunque se trata de un fenómeno que atraviesa todo el país y que además está fuertemente asociado al grupo etario.
Siete de cada diez jóvenes trabajan en la informalidad
A la lentitud para recuperar plazas laborales se suma un problema de calidad del empleo.
De acuerdo con la especialista, el 76% de los jóvenes que sí trabajan lo hace en la informalidad, una cifra notoriamente más alta que el 65% registrado entre los adultos de 30 a 59 años.
Esta condición, señaló Ormeño, limita el acceso de los jóvenes a la protección social, reduce su estabilidad laboral y golpea directamente sus ingresos.
Un desajuste entre lo que se estudia y lo que piden las empresas
Parte de la explicación, según la economista, está en la desconexión entre la oferta educativa y la demanda real del mercado.
Más de la mitad de los jóvenes que egresan de la universidad termina trabajando en ocupaciones que no requieren educación superior, lo que evidencia que las carreras elegidas no siempre calzan con las necesidades de las empresas.
El desbalance también se refleja del otro lado: ocho de cada diez empresas reportan dificultades para encontrar mano de obra calificada.
Para Ormeño, no tiene sentido que existan carreras saturadas mientras otras, con buenos niveles de ingreso, terminen cubiertas por profesionales extranjeros ante la falta de especialistas peruanos.
La economista remarcó que una orientación vocacional oportuna, que acerque a los jóvenes a la información sobre qué carreras demanda realmente el mercado, es clave para reducir esta brecha antes de que se traduzca en más desempleo o informalidad.