El 85% de los peruanos —cerca de 22 millones de personas— evita salir de su casa o de su barrio a partir de cierta hora de la noche por temor a la delincuencia, según una encuesta de Ipsos para el Observatorio del Crimen y la Violencia del BCP, presentada este viernes en su Séptimo Reporte.
El dato confirma que la inseguridad dejó de ser solo una percepción: ya organiza la rutina diaria de la mayoría del país.
El toque de queda que nadie decretó
Un 43% de los peruanos deja de salir desde las 8 de la noche —o incluso antes— y un 42% adicional recién se restringe desde las 10. En la práctica, más de 11 millones de personas ya no salen desde las 8 p.m. y una cifra similar aguanta hasta las 10.
El fenómeno se agudiza en Lima, donde el 90% de la población evita salir a partir de alguna hora y casi uno de cada dos limeños (49%) se encierra desde las 10 de la noche, siete puntos por encima del promedio nacional.
Entre los jóvenes de 18 a 26 años, el 56% también fija esa misma hora límite.
El miedo también golpea el bolsillo
El temor no solo cambia horarios: reduce el consumo. Un 58% de los peruanos —más de 15 millones de personas— sale menos que hace un año, un recorte que golpea con más fuerza a los niveles socioeconómicos C y D (65% en el NSE D).
Ese impacto coincide con lo que el propio observatorio había reportado antes sobre el cierre de negocios: en el NSE C, el porcentaje de comercios afectados pasó de 42% en 2025 a 56% en 2026.
El transporte público concentra buena parte de las estrategias de defensa. Un 26% de los usuarios dejó de llevar objetos de valor o efectivo y un 24% procura viajar acompañado.
Un 16% —más de 4.17 millones de personas— optó por cambiarse a taxi o aplicativo pese al gasto adicional, otro 16% dejó de usar el transporte masivo de noche y un 4% lo abandonó por completo.
La extorsión no da tregua
El reporte identifica en los presos por extorsión el mejor termómetro de los resultados frente al crimen organizado, y ahí el balance es magro.
La cifra pasó de 1,314 presos en 2017 a apenas 1,661 en este Séptimo Reporte: solo 475 más en casi dos años, mientras el delito se expandió de la costa norte a todo el país.
Las denuncias, además, se habían multiplicado por 20 antes de que la Policía Nacional declarara secreto el número de casos.
Recién en junio de este año el porcentaje de presos por extorsión sobre el total de la población penal volvió a 1.6%, el mismo nivel que había en 2016.
La diferencia, sin embargo, es que en 2016 el delito solo ocurría en la costa norte y hoy está presente en todas las regiones del país.
Ricardo Valdés, exviceministro del Interior y coautor del informe, señaló que la inseguridad se convirtió en el organizador de la vida cotidiana de los peruanos y que la pérdida de calidad de vida que implica no salir de noche no aparece en las cifras oficiales, aunque es igual de real.
Carlos Basombrío, también exministro del Interior y coautor del reporte, advirtió que el estancamiento en el número de presos por extorsión, frente a la expansión del delito a todo el país, es la mejor prueba del fracaso de la estrategia contra el crimen organizado.
Sin expectativas de mejora
La desconfianza se traslada también hacia el futuro: dos de cada tres peruanos (66%) creen que la delincuencia seguirá igual o empeorará en los próximos 12 meses, y solo 27% espera una mejora.
Al ser consultados sobre qué debería priorizar el Gobierno, la población se inclinó por crear unidades policiales especializadas en extorsión (35%), aumentar las penas de cárcel (33%), retomar el control de las cárceles (31%) y sumar más policías en las calles (31%).