El Foro GLI Latam 2026, celebrado este miércoles 27 y jueves 28 de mayo en las instalaciones de la Universidad de Ingeniería y Tecnología (UTEC), se convirtió en el epicentro de un debate urgente para los negocios y la sostenibilidad en la región.
Durante el primer día del evento, el conversatorio “Cadenas productivas con enfoque de género” puso sobre la mesa una realidad incómoda pero evidente: los procesos económicos actuales en el sector agroalimentaria no son óptimos ni están completos porque siguen invisibilizando el verdadero potencial de las mujeres rurales.
Para los especialistas y líderes empresariales del sector, la inclusión ya no puede medirse únicamente con indicadores de asistencia o cuotas de género. El verdadero salto hacia la competitividad radica en un cambio sistémico que les permita capturar valor real dentro del mercado.
Gabriella Rosato, Directora Ejecutiva de Kubadili fue la encargada de moderar este conversatorio y dejó algunos datos que invitaron a la reflexión y abrieron el debate. La ejecutiva comentó que, según los datos de la FAO, las mujeres representan el 36% de las tareas productivas en el agro, en la producción, y en la región andina ese número asciende a más de 45%.
“Sí están las mujeres como parte de la cadena, si bien cumple con cuota y están representadas, siguen experimentando muchas brechas, barreras como acceso a crédito y a educación, áreas que siguen siendo limitadas, y esto es lo que nos convoca, qué estamos haciendo para incluir a las mujeres en la cadena de valor”, agregó.
Más allá del número: el eslabón invisible
Históricamente, los programas de desarrollo y las métricas comerciales se han conformado con contar cuántas mujeres asisten a un taller o participan en una asociación. Sin embargo, la toma de decisiones y el acceso a los eslabones de mayor valor económico siguen siendo esquivos.
«Las mujeres ya están incluidas en las cadenas productivas, el tema (…) es que las seguimos considerando como beneficiarias y no como actoras económicas», advirtió Marlen Rubio, Directora de Programas de Heifer International México.
La especialista señaló que el ecosistema debe transformarse para evaluar cuánto vale el eslabón donde participan y cuánto de ese valor económico se queda realmente en sus manos.
Por su parte, Carmen Ormeño, Coordinadora Nacional de 3Vectores, coincidió en que la competitividad actual del mercado exige que los negocios sean sostenibles, inclusivos y resilientes. No obstante, alertó que se puede tener una asociación con cientos de mujeres, pero si ninguna de ellas toma decisiones, se mantendrán atrapadas en la parte menos visible de la cadena.
Innovación territorial y la «economía del cuidado»
Al hablar de innovación, el mercado suele mirar hacia la tecnología de punta o los circuitos eléctricos. Sin embargo, Paloma Duarte, CEO de Misha Rastrera, propuso una mirada hacia adentro: poner en valor el conocimiento ancestral que las mujeres de las comunidades custodian históricamente para convertirlo en un potenciador económico.
Duarte destacó que para que cualquier innovación funcione, se debe reconocer y resolver la economía del cuidado. Las mujeres rurales suelen balancear el trabajo productivo con la crianza de los hijos y las labores del hogar en entornos complejos.