Emprendimientos

Pallay: Renunció al mundo corporativo y creó una marca de moda sostenible en Cusco que pone en valor e impulsa el talento textil andino

Alejandra y sus socios han priorizado el canal B2B, orientado a vender regalos corporativos y piezas funcionales hechas a mano a importantes empresas y hoteles de lujo.

Por Iveth Yamunaque
7 minutos
Alejandra Rivera-premio orgullo emprendedor
Publicidad

Alejandra Rivera dejó atrás una prometedora carrera corporativa para empezar de cero en Cusco. Es aquí donde creó Pallay, una marca que revaloriza el tejido ancestral, genera ingresos para más de cien tejedoras de 4 comunidades altoandinas de Cusco y apuesta por la sostenibilidad. Hoy, esta empresa peruana no solo superó la crisis, sino que busca llegar a mercados internacionales.

Alejandra Rivera

Alejandra, originaria de Lima, creció en un ambiente de libertad, sin que nadie limitara sus inquietudes ni talentos. Desde niña desarrolló una curiosidad genuina por conocer otras realidades, interacturar con personas distintas y descubrir más del Perú.

A la edad de 16 años, durante su viaje de promoción escolar, visitó la ciudad de Cusco y quedó completamente enamorada de su energía mística, sus paisajes y su gente, encontrando desde entonces cualquier excusa para prolongar sus visitas al Valle Sagrado.

Con el tiempo, demostrando una gran independencia, Alejandra empezó a trabajar a los 17 años y logró costearse los cinco años de universidad hasta obtener su licenciatura en Relaciones Industriales.

Posteriormente, construyó una exitosa trayectoria profesional en el mundo corporativo dentro de empresas transnacionales, especializándose en áreas de comunicación interna, cultura organizacional y bienestar interno.

A los 28 años, Alejandra se casó con Marcelo, un arquitecto chileno con quien tuvo su primera hija llamada Doménica tres años después. Debido a que su rutina corporativa no le iba a permitir ser una mamá presente junto a su esposo, decidieron renunciar a sus proyectos y trabajos en Lima para empezar de cero una nueva forma de vida en el campo.

Esto llevó a que Alejandra y Marcelo convocaran a una cena familiar para anunciarles a sus amigos y familiares que abandonarían Lima para mudarse al Valle Sagrado de los Incas bajo sus propias reglas, a inicios del 2012.

Inicio como emprendedora

Tras un viaje en carretera, en julio del 2012 la familia se estableció en una pequeña casa de adobe en el sector de Arín, Cusco, con vista a la montaña Pitusiray.

Apenas instalados, iniciaron su primer proyecto emprendedor, el cual buscaba comercializar lámparas y brindar soluciones de energía solar a comunidades altoandinas sin luz.

Aunque el proyecto comercial solo duró unos diez meses y no tuvo el éxito financiero esperado, les permitió caminar con su bebé por las montañas y generar un primer contacto con comunidades altoandinas.

Historia de Pallay: Inicios

Con el tiempo lograron emprender nuevamente. Esto ocurrió cuando una empresa transnacional los contrató para organizar una actividad navideña en la comunidad de Acchahuata.

Tras capacitar a pobladores y organizar la festividad, Alejandra y Marcelo vieron de cerca el enorme talento textil que llevaban las mujeres, bajo la técnica ancestral de telar de cintura.

Esta técnica, declarada patrimonio cultural inmaterial del Perú y transmitida de generación en generación mediante el uso de la pushka e hilos de alpaca y oveja, era utilizada por las tejedoras únicamente para confeccionar ropa familiar, con escasos o casi nulos ingresos económicos, algo que Alejandra se propuso cambiar al organizarlas.

Entre los años 2014 y 2017, Alejandra asumió el rol de puente organizativo y se dedicó a co-crear junto a un grupo de dieciocho tejedoras en Acchahuata. Durante estos tres años lograron mejorar la calidad de hilado, diseños, combinaciones de colores y potenciar el proceso de teñiso con tinturas naturales.

Al lograr tejer cien telares, decidieron crear oficialmente una marca en el 2017, la cual fue bautizada en conjunto con las mujeres como Pallay. Este nombre quechua hace referencia a los patrones geométricos e iconografía ancestral que las tejedoras plasman libremente en los textiles para comunicar sus emociones o algo de su entorno.

Con los telares listos, Alejandra comenzó a invitar a diseñadoras en su casa, quienes se inspiraron para transformar los tejidos en prendas de vestir únicas, como ponchos y chalecos, que posteriormente fueron posicionados estratégicamente en prestigiosas boutiques de moda sostenibles de Cusco.

A esto le siguió el desarrollo de una cadena de valor mediante la alianza con artesanos locales como; talabarteros, confeccionistas y joyeros, con quienes co crean la transformación de los telares en únicos ejemplares de prendas de vestir, decoración para el hogar como: cojines, pies de cama, caminos de mesa, posavasos, así como sombreros de alpaca, llaveros, estuches, entre otros. Piezas que se venden en las tiendas que actualmente tienen cerca de las plazas más emblemáticas del centro histórico de Cusco.

Por otro lado, Pallay también adoptó principios de sostenibilidad y upcycling, logrando que cada retazo de lana fuera reutilizado y puestos en valor junto a artistas cusqueños para crear intervenciones artísticas y cuadros.

Pallay busca ser un puente entre la cultura altoandina y el mundo, visibilizando a la maestra tejedora que realizó el telar y transmitiendo el proceso hecho a mano detrás de cada pieza.

Desafíos y crecimiento

El crecimiento del emprendimiento tuvo que enfrentar retos, empezando por la pandemia que paralizó el turismo, obligando a Alejandra a buscar alianzas, postular a concursos y explorar nuevas estrategias para mantener a flote la cadena de producción.

En el 2022, el panorama mejoró con la apertura de su primera tienda propia en el centro de Cusco, sumado al ingreso de su hermano y su cuñada como nuevos accionistas, consolidando a Pallay como una empresa familiar.

Sin embargo, seis meses después de la exitosa inauguración de la tienda, la crisis del 2023 generó violentas protestas que alejaron por completo a los turistas del sur del Perú.

Frente a este peligro y los altos costos, la tienda tuvo que cerrar puertas temporalmente, logrando superar la crisis gracias a ser ganadores del Fondo Emprendedor de la Fundación Wiese, que le ofrecían mentorías personalizadas y capital económico.

Superadas las crisis, Pallay experimentó un crecimiento clave pasando de las 18 tejedoras y un solo artesano a impactar la vida de 104 tejedoras y 18 artesanos de cuatro comunidades.

Asimismo, en 2024, la marca se consolidó al ganar a nivel nacional el Gran Premio Orgullo Emprendedor de Caja Arequipa y el Premio Oro en la categoría Valor Familiar.

A estos logros se suma, además, que Pallay se constituyó como una empresa BIC, de triple impacto positivo, social, cultural, ambiental y económico. Además, obtuvo las licencias de Marca perú y Perú Textiles, y logró certificar la marca bajo los estándares de Buenas Prácticas en Comercio Justo.

Planes

Alineados con su estrategia a largo plazo y sus planes de expansión corporativa hacia el 2026, Alejandra y sus socios han priorizado el canal B2B, orientado a vender regalos corporativos y piezas funcionales hechas a mano a importantes empresas y hoteles de lujo.

Si bien, actualmente poseen tres tiendas en el centro histórico y dos puntos de ventas en hoteles de cuatro y cinco estrellas, el plan de expansión busca llevar Pallay hacia Estados Unidos y Europa.

Contactos

Web: Pallay
Facebook: Pallay Cusco
Instagram: @pallaycusco
TikTok: @pallaycusco
YouTube: Pallay Cusco