Desde los ocho años, en un taller de cuero en Arequipa, Franco Achire empezó a crear su propio camino empresarial hasta convertirlo, con el paso del tiempo, en Francos. Una marca que hoy combina técnica ancestral en cuero, innovación y visión de negocio. Además de reconocimientos y planes de expansión internacional, este emprendimiento demuestra que el arte también puede convertirse en una empresa sostenible.
Franco Achire
Franco nació en 1975 en la comunidad altoandina de Huisa Ccollana, en Espinar, Cusco. Creció en una familia de ganaderos y artesanos; su padre elaboraba chullos, sogas y chumpis, mientras que su madre se encargaba de hilar con la rueca (herramienta usada para hilar), pastorear y cuidar el hogar.
Franco era testigo de cómo su padre y sus parientes trenzaban lazos y sogas para los caballos y acémilas para sujetar las cargas. Además, tocaban tambores y pincuyllus, una especie de flauta de pico vertical similar a la flauta dulce.
A los ocho años, Franco llegó a Arequipa encomendado a su primo Claudio, un joven artesano del cuero, con el propósito inicial de ser la compañía de juegos del hijo de dos años de este.
Sin embargo, al estar acostumbrado a jugar con niños más grandes de su edad, Franco terminó involucrándose en el taller, donde su cabeza apenas sobrepasaba la mesa de trabajo.
Allí descubrió su amor por la talabartería y el cincelado, teniendo a su primo como su primer maestro. Cuando tenía 12 años, inició su camino emprendedor de manera natural al reciclar la retacería de cuero que su maestro desechaba, transformándola en pequeños monederos y llaveros.
Franco vendía estos productos en el centro de Arequipa durante las vísperas de Navidad, regresando feliz a casa con el dinero suficiente para comprarse su panetón.
Inicios de Francos: Inicios
Cursando su carrera técnica de Contabilidad y usándola como respaldo para manejar costos y balances, Franco decidió abrir su propio taller de talabartería en 1992, con apenas 17 años.
Él sentía que no había nacido para permanecer en una empresa contable, sino para liderar su propio negocio.
Es por ello que empezó a fabricar productos innovadores para la época, como porta laptops, mochilas, carteras y alforjas para motocicletas, distribuyéndolos al por mayor en Arequipa y enviándolos a Chile a través de intermediarios.
Al llegar a los 22 años, empezó a viajar a exposiciones y ferias chilenas mediante la dirección artesanal de Tacna; sin embargo, debido a su juventud, el público y los clientes dudaban de que él fuera el maestro creador, por lo que era obligado a realizar demostraciones del proceso en vivo.
Tiempo después, conocería a Dominga Chiclla, una mujer con una historia parecida a la de él. Dominga trabajaba en una joyería dentro de un centro artesanal. Franco, quien ya era socio del lugar, fue a pedirle que le cambiara un billete de S/10.
A pasos lentos pero seguros, iniciaron una relación amorosa que se transformó en un sólido proyecto familiar. Ella se convirtió en el brazo derecho de la empresa, asumiendo el control de las finanzas, las ventas, la organización y la relación con los proveedores, mientras Franco se dedicaba plenamente a la producción y creación en el taller.
Hoy en día, involucran en el negocio a hermanos, sobrinos y a sus dos hijos, Matías y Piero.
Desafíos
A lo largo de sus más de 40 años de trayectoria, Franco tuvo que superar constantes desafíos, comenzando por la falla de mercados y la escasa visión de las autoridades para valorar su emprendimiento como cultura viva de la ciudad.
Uno de los mayores retos ocurrió en 2010, cuando delincuentes robaron su tienda y se llevaron toda la platería, cerámica y tejido, provocando una pérdida económica que superó los S/120,000.
Pese a ello, logró reponerse gracias al apoyo financiero de instituciones como Caja Arequipa. Años más tarde, la pandemia representó otro gran reto que afectó significativamente sus operaciones, obligándolos a reducir el personal de su taller de seis a cinco personas, y el equipo de su tienda bajó de un promedio de diez a solo cinco trabajadores.
Crecimiento
Por otro lado, el crecimiento de la empresa se consolidó, operando hoy bajo la marca Francos y el eslogan «Cuero hecho arte». Franco modernizó su producción incorporando tecnología especializada como aparadoras, troqueladoras y desbastadoras, lo que le permitió expandirse hasta contar con cuatro puntos de venta, incluyendo una importante tienda ubicada en plena Plaza de Armas de Arequipa.
Su arte se caracteriza por un proceso detallado que requiere remojar el cuero por días , orearlo, estirarlo y bruñirlo y plancharlo, para luego iniciar el tallado y cincelado a mano, un trabajo que puede tomar semanas y que convierte cada pieza , desde mochilas hasta pergamino, en obras únicas.
Su arduo trabajo le ha traído reconocimientos de Mincetur, Promperú, el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Producción. En el 2021 fue galardonado como Arequipeño del Bicentenario, y recientemente ganó el premio de oro en la categoría «Valor Familiar» de la segunda edición del premio Orgullo Emprendedor de Caja Arequipa, en 2025.
Planes
Francos, a nivel de exportación, Francos decide consolidar su su mercado en Chile, que tiene una baja producción de curtido de cuero, y planean llevar sus obras más artísticas hacia Europa, Estados Unidos, México y Colombia a través de las invitaciones y gestiones de los ministerios.
Asimismo, su proyecto a mediano y largo plazo es la creación de un taller-museo de la talabartería arequipeña, diseñado para rescatar del peligro de extinción las técnicas tradicionales de tallado y repujado a mano, enseñando a nuevas generaciones.
Además, proyectan incorporar más tecnología al taller para optimizar la producción sin dejar de lado la esencia de los hechos a mano.
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