Carlos Callasi es un artesano cusqueño que descubrió su talento desde niño y lo convirtió en una propuesta reconocida a nivel internacional. Hoy, Callasi Joyería no solo representa joyas, sino una historia de herencia cultural que llegó a National Geographic, así como a países de Europa, Asia y todo América.
Carlos Callasi Molina
Carlos Callasi Molina nació en 1977, en la provincia de Calca-Cusco, siendo el tercero de seis hermanos.
Su vida toma un camino distinto y definitivo hacia el arte cuando, en 1984 a la edad de siete años, sus padres se mudan del distrito de Pisaq, en el centro del Valle Sagrado de los Incas, donde decidieron abrir un taller.
Al estar rodeado de artesanos, Carlos descubrió rápidamente su don natural; observaba a sus vecinos construir castillos de barro y él, utilizando lodo común, empezó a replicarlos y a fabricar sus propias herramientas creativas.
Su formación práctica inició muy temprano. A los nueve años, su padre lo envió al taller del ceramista y mascarero Dionisio Huamán, donde tuvo su primer contacto con la textura del barro, la pintura y el pincel.
Un año después, Carlos llegó al taller del maestro limeño Víctor Arriaga, lugar que él mismo considera la mayor influencia para su futuro en la orfebrería.
Aquí experimentó, por primera vez, con el fuego y los metales no preciosos como el bronce, el cobre y la alpaca, elaborando réplicas de la orfebrería hispánica.

Historia de Callasi Joyería: Inicios
Tiempo después y gracias al arte que creaba, Carlos se convirtió en el diseñador principal de todas las piezas del taller de cerámica de sus padres, construyendo herramientas para la época y diseñando collares pulseras y ceniceros, aportando así la calidad que daría origen a la marca familiar Callasi en 1992.
Siete años después, Carlos terminaría sus estudios superiores en la Escuela Superior Autónoma de Bellas Artes Diego Quispe Tito de Cusco, época en la que también realizó exposiciones de arte en Pisaq, Cusco y Piura.
Sin embargo, su vida cambió cuando en 2002 redescubrió la plata en un taller de mecánica y empezó a explorarla como material artístico y experimental, logrando diseñar tres piezas iniciales pese a no tener formación técnica formal ni escuela en joyería.
Al ver estas creaciones, su padre confío en él y, en el 2004, lo impulsó alquilándole un espacio para que expusiera sus joyas, llevándolo a dejar su faceta artística para dedicarse de lleno a la orfebrería.
Es así que en 2005 decidió formar oficialmente un taller de orfebrería junto a su hermana Dorcas. Sin embargo, con el tiempo, se incorporaron sus padres y hermanos al equipo; Carlos asumió la gerencia y el rol de diseñador y orfebre en la empresa.
Bajo su liderazgo el modelo de negocio cambió, ya que en 2006, Carlos fue quien impulsó la transición de diseñar colecciones exclusivamente para ventas al por mayor a personalizar joyas directamente para cada cliente, buscando brindar una experiencia detallada.

Desafíos y crecimiento
El trabajo de Carlos no estuvo libre de crisis. Hacia el 2016, enfrentó su mayor reto como emprendedor, el plagio masivo de sus creaciones por parte de colegas en el Perú. Estos utilizaban su técnica de moldeo de silicona para hacer réplicas de baja calidad en apenas una semana.
Mientras a Carlos le costaba hasta 10,000 dólares diseñar una colección completa, el mercado se llenó de copias, forzándolos a reducir su personal de catorce a solo dos trabajadores, situación que casi los obliga a cerrar por completo.
Sin embargo, su visión de que la calidad se impone en el tiempo le permitieron recuperar a sus clientes originales después de cuatro largos años, ya que se basó en la excelencia, la innovación y el diseño detallado que las réplicas jamás lograron igualar.
Es por ello que en 2021, decidió inaugurar la primera Casa de Arte y Diseño Callasi en Pisaq, un proyecto diseñado y planteado por Carlos durante más de diecisiete años, que hoy presenta su fábrica y una moderna sala de exposición.
Asimismo, su trabajo como maestro orfebre lo llevó a crear piezas completamente modernas usando diamantes, zafiros, rubíes y diferentes colores de oro, los cuales exporta a nivel mundial a destinos como Australia, Europa, Asia y todo América.
Debido a su compromiso con preservar las técnicas manuales, la tradición y los materiales milenarios captó la atención de la cadena National Geographic, quienes lo visitaron en su taller para documentar su labor como artesano auténtico, generando un impacto masivo en su alcance internacional.

Planes
Aunque actualmente solo operan desde su sede central en Pisaq-Cusco, la alta demanda y las exigencias de los clientes, quienes solicitan una tienda física para atención directa, impulsaron a Carlos a buscar nuevas locaciones.
Asimismo, la visión a largo plazo de Callasi es consolidarse como una marca de joyería destacada a nivel mundial, manteniendo su compromiso con la excelencia enfocándose en aportar valor a sus clientes y personal.
Contactos
Web: Callasi
Instagram: @callasijoyeria
Facebook: Callasi Joyeria
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