Con el 100 % de actas computadas, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) confirmó este 15 de mayo que Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) disputarán la segunda vuelta presidencial el próximo 7 de junio.
Fujimori Higuchi alcanzó 2,877,678 votos, mientras que Sánchez Palomino sumó 2,015,114. Pero los números no cuentan toda la historia: el proceso llegó a su fin con una cadena de polémicas que ponen en entredicho la solidez del resultado.
El segundo lugar, en disputa hasta el último acta
La pelea más reñida no fue por el primer puesto, sino por el acceso a la segunda vuelta. Roberto Sánchez y Rafael López Aliaga (Renovación Popular) sostuvieron una disputa voto a voto durante días, que solo se resolvió con una diferencia de 21,210 votos. Una brecha tan estrecha que López Aliaga y su partido no la aceptaron en silencio.
Renovación Popular exigió formalmente al Jurado Nacional de Elecciones (JNE) que explique de qué manera garantiza la transparencia del cómputo en los centros poblados, cuestionando la validez del conteo en zonas rurales donde la fiscalización fue más limitada.
El partido aún evalúa si presentar impugnaciones formales antes de la proclamación oficial, prevista para el domingo 17 de mayo.
Los incidentes del 12 de abril y la sombra sobre el proceso
El experto en derecho electoral José Tello señaló que el resultado estuvo condicionado no solo por los votos, sino por «el ruido que ha dejado en diferentes tiendas políticas los incidentes del 12 de abril pasado, durante las elecciones».
La referencia a esa jornada, que concentró denuncias de irregularidades, sigue siendo un punto de tensión no resuelto entre los actores políticos.
A ello se sumó el pronunciamiento de la organización Transparencia, que expresó su rechazo a lo que denominó una «judicialización» del proceso electoral y advirtió sobre «un riesgo de interferencia» en el desarrollo normal de los comicios.
Un resultado que llega con poca legitimidad de origen
Más allá de las polémicas procedimentales, los analistas advierten que los ganadores llegan a la segunda vuelta con un respaldo electoral frágil. En un campo de 35 candidatos presidenciales, el voto se dispersó de manera extrema, dejando a Fujimori y Sánchez con porcentajes que no superan una quinta parte del electorado cada uno.
La politóloga Marisol Vargas de la Jara, docente de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, fue directa en su diagnóstico: «¿Cómo gobernar un país disperso y diverso si no llegaste a tener el apoyo de más de un quinto de la población?», cuestionó, añadiendo que la alta fragmentación no refleja solo desconfianza en los candidatos, sino «la disposición del electorado a votar por terceros con tal de no favorecer a quienes considera una continuidad nefasta».
Un mapa que repite el 2021
El escenario que deja la primera vuelta evoca el de hace cinco años: izquierda contra derecha, sur andino contra costa norte, con un electorado profundamente dividido.
Sánchez concentró su votación en regiones como Cajamarca, Cusco, Ayacucho, Puno y Apurímac, mientras que Fujimori lideró en Tumbes, Piura, La Libertad, Áncash e Ica, además del voto en el extranjero en países como Argentina, Chile y Japón.
El JNE tiene previsto proclamar los resultados oficiales el domingo 17 de mayo, abriendo formalmente el camino hacia una segunda vuelta que arrancará con la legitimidad del ganador ya puesta en debate.