Usuarios peruanos han reportado en las últimas semanas un aumento de llamadas spam desde números del extranjero, especialmente de Bangladesh, Canadá, Madagascar, Sri Lanka, Albania, Ghana, Pakistán y Bosnia, entre otros países.
Según el abogado Erick Iriarte, especialista en derecho digital, estos contactos forman parte de una estafa conocida como wangiri.
¿Cómo funciona el fraude?
La mecánica es simple: la llamada suena una o pocas veces y corta rápido para despertar curiosidad. La víctima devuelve la comunicación y termina llamando a un número con tarifa diferenciada, lo que genera ingresos para los estafadores y cargos adicionales para el usuario en su recibo telefónico. Iriarte explicó que el objetivo es aprovechar esa devolución para monetizar cada minuto o fracción de minuto de la llamada.
El especialista resumió el mecanismo así: el problema está en la devolución de la llamada, porque el número de destino no cobra una tarifa normal. En palabras del abogado, los delincuentes “juegan con tu curiosidad” para que la persona responda.
Pueden simular que llaman desde otro país
Iriarte añadió que el número que aparece en pantalla no siempre revela el verdadero origen de la comunicación. Los estafadores pueden usar telefonía IP y redes VPN para aparentar que la llamada viene de otro país, aunque la operación se haga desde cualquier lugar, incluso desde Perú.
Además, el costo de este tipo de campañas puede ser bajo para el estafador. Según el abogado, lanzar estas llamadas podría costar entre US$30 y US$40, una inversión mínima frente al volumen de víctimas que podrían devolver la llamada.
¿Qué hacer para no ser víctima de esta modalidad?
La principal recomendación es no devolver llamadas de países con los que no se tiene ningún vínculo personal o laboral. Iriarte advirtió que la mejor defensa es cortar la interacción y no dejarse llevar por la curiosidad.
Si un usuario ya devolvió la llamada, conviene revisar el recibo telefónico porque el cobro podría aparecer como llamada internacional o con un código especial. El especialista insistió en que el problema sigue siendo la baja cultura de ciberseguridad entre los usuarios.