El costo económico de no ampliar la infraestructura del Metro de Lima podría llegar a US$20,000 millones al año, una cifra que supera ampliamente la inversión estimada para construir nuevas líneas del sistema.
El dato fue planteado por David Hernández, presidente del Consejo Directivo de la Autoridad de Transporte Urbano para Lima y Callao (ATU).
Durante una conversación en el podcast Repensando el Perú, del Instituto Peruano de Economía (IPE), Hernández sostuvo que se habla de inversiones por unos US$10,000 millones para contar con más líneas del Metro, pero que no se está midiendo cuánto pierde la ciudad por postergar esos proyectos.
El planteamiento pone el foco en un problema que va más allá del tiempo que los usuarios pasan diariamente en el tráfico.
La falta de transporte masivo también genera costos económicos asociados a la congestión, la menor productividad y las dificultades para movilizar trabajadores y bienes dentro de la ciudad.
Invertir en Metro frente al costo de esperar
Hernández cuestionó que el debate sobre infraestructura se concentre únicamente en cuánto cuesta construir nuevas líneas. Según explicó, también debería calcularse el costo de mantener a Lima sin una red de transporte masivo suficiente.
La referencia de US$10,000 millones corresponde a la inversión necesaria para ampliar la red con nuevas líneas, mientras que el costo anual de no contar con esa infraestructura podría duplicar ese monto, de acuerdo con la estimación planteada por el titular de la ATU.
La ejecución de las líneas 3 y 4 del Metro de Lima se encuentra dentro de este escenario de expansión.
No hay detalles de cuánto correspondería a cada proyecto por separado, pero se vincula ambos proyectos con una inversión conjunta cercana a los US$10,000 millones.
Operadores enfrentan incertidumbre para renovar buses
El problema de inversión también alcanza al Metropolitano. Roberto Vélez, gerente general de la Asociación “A Movernos”, explicó que renovar una flota de alrededor de 30 vehículos puede requerir unos US$6 millones.
Sin embargo, los operadores han recibido en muchos casos autorizaciones para prestar el servicio por periodos de apenas seis meses o un año.
Este esquema dificulta que las empresas comprometan capital en vehículos nuevos, debido al corto plazo para recuperar la inversión.
La situación genera un problema de incentivos: mientras el sistema necesita renovar sus unidades, los operadores tienen poca certeza sobre cuánto tiempo podrán continuar prestando el servicio.
Más obras no resolverán por sí solas el problema
Hernández y Vélez coincidieron en que la crisis del transporte urbano de Lima no se soluciona únicamente con más buses o nuevas obras.
También se requiere mejorar la gestión del sistema, ordenar la operación del Metropolitano y del Metro y establecer condiciones que permitan a los operadores realizar inversiones de largo plazo.
El debate, por tanto, no pasa solo por conseguir recursos para construir infraestructura. También implica crear un esquema de gestión y operación que permita mantenerla y renovarla durante décadas.
Para Lima, el desafío es doble: acelerar las inversiones pendientes y reducir el costo económico que genera seguir postergándolas.