Perú cultiva 30,200 hectáreas de arándanos en la campaña 2025/26, frente a las 16,400 de Chile, su principal competidor en Sudamérica.
La brecha se abrió en cinco campañas: el área peruana creció 55% desde las 19,500 hectáreas de 2021/22, mientras Chile redujo la suya, Argentina se mantuvo estable y Colombia casi duplicó la propia.
Hace cinco campañas, la diferencia con Chile era de apenas 698 hectáreas.
Una estrategia de nuevas áreas, variedades e infraestructura
El crecimiento peruano responde a tres frentes: la incorporación de nuevas áreas agrícolas, la renovación varietal y las inversiones en infraestructura productiva.
Con ello, la industria busca ampliar su capacidad de abastecimiento y mantenerse competitiva en un mercado internacional cada vez más exigente.
Chile cede terreno mientras Colombia casi duplica su área
La superficie chilena bajó de 18,802 a 16,400 hectáreas entre 2021/22 y 2025/26.
Su industria atraviesa un recambio de variedades para priorizar las de mayor rendimiento y calidad, con el fin de preservar su competitividad.
Argentina, en tanto, conserva una escala menor, con cerca de 2,100 hectáreas estables en las últimas campañas.
Su producción se concentra en segmentos específicos del mercado y se apoya en la renovación varietal para aprovechar el clima de sus distintas zonas productoras.
Colombia es el emergente más dinámico de la región: pasó de 600 a 1,190 hectáreas en el mismo periodo.
Las nuevas inversiones explican parte del avance.
Además, gran parte de su producción está en zonas de altitud, donde se puede cosechar en distintas épocas del año y sostener una oferta continua.
Las exportaciones se multiplican por más de 14
La expansión de hectáreas fue acompañada por el salto exportador.
Perú pasó de enviar cerca de 27 mil toneladas en la campaña 2016/17 a más de 382 mil toneladas en 2025/26.
El sector también se tecnificó. Hoy tiene un manejo agronómico más moderno, estándares fitosanitarios más sólidos y una cadena exportadora más desarrollada.
A ello se suman variedades con mejor firmeza, sabor, calibre y vida postcosecha, atributos clave para los mercados de alta exigencia.
El clima frena las proyecciones de la campaña 2026/27
Más superficie no garantiza más envíos. Proarándanos ajustó a 366 mil toneladas su proyección de exportaciones para 2026/27, un 4.4% menos que en la temporada anterior, aunque hay cerca de 15% más hectáreas en producción.
La razón de fondo es la variabilidad climática.
Las altas temperaturas de El Niño costero pueden alterar la floración, afectar el desarrollo de la fruta y modificar los calendarios de cosecha. Las lluvias fuera de temporada, por su parte, elevan los riesgos fitosanitarios.
En la campaña 2023/24, el calor extremo redujo la fruta exportable y los precios internacionales subieron, pero no compensaron las pérdidas de numerosas empresas.
Para proteger los rendimientos y sostener la ventaja regional, el reto pasa por reforzar el monitoreo climático, optimizar la gestión del agua e incorporar tecnologías de adaptación.