Tras la jornada electoral del pasado 12 de abril, las cifras han confirmado un panorama desafiante para la democracia peruana: según el padrón elaborado por el Reniec y aprobado por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), más de 7 millones de electores menores de 30 años estuvieron habilitados para votar, de los cuales 2.5 millones participaron por primera vez en una elección general.
Este electorado se enfrentó a una cédula de complejidad inédita, con 36 fórmulas presidenciales y el retorno a la bicameralidad con miles de candidatos a diputados y senadores. Ese fue el complejo escenario que se vivió durante las votaciones y que ahora define el camino hacia la segunda vuelta.
Nuestro país ha experimentado en los últimos años una transformación radical en el consumo de información, y más aún en el de información política.
El proceso de reflexión sobre el voto ha migrado hacia la inmediatez, si consideramos que más del 60% de los jóvenes peruanos consumen noticias a través de TikTok. Podemos inferir así que el destino del país está siendo filtrado por algoritmos de apenas 15 segundos.
Para esta nueva generación, las redes sociales no solo entretienen, sino que también informan, educan y contextualizan. Sin embargo, se trata de una audiencia que, al informarse de una manera distinta, queda expuesta a niveles críticos de desinformación.
El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ha emitido una alerta sobre un fenómeno creciente: las narrativas de «contexto falso» y la «sátira malintencionada» que logran una viralización orgánica muy superior a las verificaciones oficiales.
El peligro reside en que la conversación pública se reduzca a clips efímeros de entretenimiento político, desplazando el análisis de los problemas estructurales del país porque las audiencias actuales priorizan el contenido audiovisual breve.
En este escenario, la exposición constante a contenidos negativos o sintéticos puede convertir la elección de gobernantes en un mero espectáculo de «likes«.
Alfabetización mediática: un reto país
En este contexto de digitalización política, la alfabetización mediática es un reto que debe ser enfrentado en conjunto por la sociedad civil, la academia y los medios. Esta debe trascender el simple consumo de pantallas.
TikTok no debe verse únicamente como una amenaza a la democracia, sino como el espejo de un cambio profundo que exige nuevas respuestas. El reto para los candidatos y educadores es aprender a hablar este nuevo idioma sin perder la ética, la profundidad y el propósito. Debemos asegurar que el «scroll» infinito no termine diluyendo la capacidad de decidir con discernimiento sobre el futuro del Perú.
Ante este panorama, la labor de las facultades de comunicación es más urgente que nunca. Ya no basta con dominar herramientas de producción audiovisual o de inteligencia artificial; es imperativo formar estrategas capaces de auditar datos y gestionar la opinión pública con responsabilidad social.
La formación académica actual debe centrarse en dotar al estudiante de un pensamiento crítico aplicado. Solo así, los mensajes basados en evidencia podrán prevalecer sobre la volatilidad del contenido generado por algoritmos, garantizando que los futuros comunicadores lideren la transformación del sector con integridad.