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Congestión vehicular hace perder a un limeño más de ocho días al año

Lima es la ciudad con más horas perdidas en el tráfico del mundo, con cerca de 195 horas por conductor al año, según TomTom y la AAP.

Por Jordy Acevedo
5 minutos
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Los conductores en Lima pierden en promedio 195 horas al año a causa de la congestión vehicular, equivalente a más de ocho días completos, según el TomTom Traffic Index 2025, citado por la Asociación Automotriz del Perú (AAP). La cifra convierte a la capital peruana en la ciudad con mayor cantidad de horas perdidas en el tráfico a nivel mundial, por delante de Dublín, Ciudad de México y Bucarest.

El estudio, elaborado a partir de más de 3.65 billones de kilómetros de viajes registrados en 500 ciudades de 62 países, confirma una tendencia que ya se observaba en 2025, cuando Lima ocupó la segunda posición entre las ciudades con menor velocidad vehicular de América Latina, solo superada por Barranquilla, y se ubicó entre las cinco más lentas del mundo.

La velocidad de circulación sigue cayendo

Cifras de la firma TomTom, consolidadas entre enero y el 3 de agosto de 2026, ubican a Lima entre las capitales latinoamericanas con menor velocidad de desplazamiento vehicular.

En la hora punta de la mañana (8:00 a. m.), la velocidad promedio en la capital fue de 14.74 km/h, por debajo de Ciudad de México (17.82 km/h), Bogotá (16.57 km/h) y Santiago de Chile (18.72 km/h). En el resto del país, Arequipa registró 16.13 km/h y Trujillo, 16.99 km/h.

La situación se agrava en la hora punta nocturna (6:00 p. m.), cuando la velocidad promedio en Lima cae a 12.62 km/h, frente a los 14.80 km/h de Ciudad de México, 13.84 km/h de Bogotá y 16.22 km/h de Santiago. Ese mismo horario registró, además, la menor velocidad del año en la capital: 11.3 km/h.

«Las cifras muestran que la congestión se intensifica conforme avanza el día. Pasamos de una velocidad promedio de 14.74 km/h en la mañana a 12.62 km/h en la tarde, lo que evidencia una red vial que opera durante varias horas cerca de sus niveles de saturación», señaló Alberto Morisaki, gerente de Operaciones y Analítica de la AAP.

Un problema con costo económico

El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) estimó en 2024 que la congestión vehicular en Lima cuesta al país el equivalente a 2.4% del PBI cada año.

De ese total, 0.4% del PBI corresponde al gasto adicional en combustible durante las horas de congestión, unos S/ 3,300 millones anuales, mientras que alrededor de S/ 20,000 millones representan el valor económico de las horas de trabajo perdidas en los desplazamientos.

Otros estudios coinciden en el diagnóstico. Calatayud et al. (2021) calcularon que las pérdidas por congestión en ciudades de América Latina y el Caribe van de 0.5% a 1.1% del PBI, mientras que Gómez-Lobo et al. (2022) estimaron que reducir en 5% el exceso de tiempo de viaje podría elevar la productividad en 0.5% del PBI en trece ciudades de la región.

¿Por qué Lima no logra destrabar el tráfico?

Uno de los factores es el desfase entre el crecimiento del parque automotor y el desarrollo de la infraestructura vial. Según el BCRP, la densidad vehicular por kilómetro de red vial en Lima pasó de 1,113 vehículos en 2015 a 1,387 en 2023.

A ello se suman, según la AAP, problemas estructurales: una planificación urbana que no ha acompañado el crecimiento de la ciudad, semáforos poco sincronizados, limitada integración de las rutas de transporte público, informalidad en combis, cústeres y colectivos, y un parque vehicular antiguo con un sistema de revisiones técnicas poco riguroso.

«El tráfico de Lima no se resolverá atacando una sola causa. Tenemos problemas de infraestructura, planificación, informalidad, fiscalización y antigüedad del parque vehicular que deben ser enfrentados de manera conjunta», sostuvo Morisaki.

Las medidas que plantea la AAP

El gremio propone implementar semáforos inteligentes y sincronizados, reordenar las rutas y paraderos del transporte público, y ampliar los sistemas de transporte tipo BRT, como el Metropolitano, junto con sus corredores complementarios.

También plantea fortalecer la fiscalización contra la invasión de carriles exclusivos y la informalidad, ordenar los servicios de transporte de tramos cortos —en particular los mototaxis en zonas periféricas— y aplicar una política de chatarreo que incentive la renovación del parque vehicular, junto con un sistema de inspecciones técnicas más riguroso.

La AAP cita los casos de Bogotá y Santiago de Chile, donde la inversión sostenida en sistemas BRT, la integración del transporte y una mayor fiscalización han contribuido a contener el deterioro de la velocidad de circulación pese a los altos niveles de congestión.

«Revertir esta tendencia exige dejar atrás las intervenciones aisladas y avanzar hacia una política de movilidad urbana sostenida en el tiempo, con objetivos concretos y resultados que puedan ser medidos», concluyó Morisaki.