Parque Infantil «Miguel Cortez»: un espacio público para un germen emprendedor

Parque Infantil «Miguel Cortez»: un espacio público para un germen emprendedor

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Desde que el Parque Infantil «Miguel Cortez» incluyó en un skateplaza, no solo los amantes de los deportes extremos fueron beneficiados.

La necesidad de espacios tranquilos y seguros para la familia volvió este parque en un atractivo para los pequeños negocios que, aunque informales, contienen un germen emprendedor.

Ubicado a una cuadra del óvalo Grau, el parque evidencia las marcadas carencias de espacios públicos en la ciudad. Al llegar y caminar por sus espacios, la atmósfera se torna alegre entre el bullicio, las risas adultas y el típico griterío de niños jugando. Entre ellos, pequeños negocios buscan ganarse la simpatía de los visitantes.

Alimentos, bebidas, juguetes, y más… la oferta es variada. Estos emprendedores trabajan los fines de semana para ganarse la vida junto a diversos artistas de la calle, bufones criollos que se esfuerzan por hacer reír a la muchedumbre que los premia con una ‘colaboración voluntaria’.

María alquila materiales para que los niños dejen fluir su creatividad en los pequeños caballetes con hojas que alguien más también alquila . Así completa sus ingresos luego de salir de su trabajo en el Mercado Central. Junto a su hija, suelen obtener ganancias de 30 a 40 soles por noche.

Douglas Colmenares es un inmigrante venezolano de 37 años. Tiene tres meses trabajando los fines de semana con su carrito sanguchero, ya que los días de semana tiene otro negocio. Para él, la multitud del parque es una bendición pues, incluso, los sábados duplica lo que gana los otros días de la semana. “Algunos días gano entre 150 a 300 soles, con suerte”, comenta con una sonrisa.

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Rafael tiene 3 años vendiendo juguetes en el parque infantil de Piura. También tiene otro trabajo los días de semana, pero encontró un buen nicho de mercado para sus juguetes y para lograr algo más de dinero. Su mejor día es el domingo donde puede ganar entre 150 a 200 soles.

José es otro vendedor que espera pacientemente a que los clientes les provoque una deliciosa bolsita con churros. Él tiene diez años en dicho negocio  culinario. Mientras mira de lejos el show de los cómicos ambulantes, nos comenta que en su mejor día ha vendido 150 soles y que es un trabajo tranquilo.

Para Diana, todos los días son oportunidades para ganar dinero y qué mejor ofreciendo algo que a muchos les gusta: los anticuchos.

Desde hace cinco años, Diana ofrece delicias al paso en la plazuela San Sebastián y, los fines de semana, en el Parque Infantil.

Los infatigables cómicos ambulantes son el ingrediente final para un espacio tan popular como el Parque Infantil. Son la manifestación de esa cultura informal con la que nos identificamos y que no dejamos morir. Lo que sí es seguro es que por ‘morirse de risa’ siempre habrá una ‘colaboración segura’. De sol a sol se hace patria.