Cuando se rompe un engranaje de una máquina empaquetadora de uvas en una planta agroindustrial, la jugada tradicional era detener la producción y esperar hasta 45 días a que el repuesto llegue desde Italia. Hoy, algunas empresas peruanas están cambiando ese guion: abren un archivo digital, encienden una impresora 3D y, en menos de un día, tienen la pieza instalada.
Esa lógica —fabricar en vez de esperar— está detrás de uno de los cambios más discretos del panorama industrial peruano.
De acuerdo con data de la Superintendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria (SUNAT), las importaciones de impresoras 3D de plástico pasaron de US$ 84,615 en 2022 a más de US$ 325,000 acumulados a abril de 2026. En apenas cuatro años, la inversión en esta tecnología se multiplicó por casi cinco.
Precisión metodológica. Estas cifras corresponden exclusivamente a la subpartida nacional 8485.20.00.00, que agrupa las máquinas de fabricación aditiva por deposición de plástico o caucho (tecnologías FFF/FDM).
El universo total de impresoras 3D en Perú es mayor: no se incluyen aquí las máquinas de metal, de resina (SLA/DLP) ni de polvo, que suelen corresponder al segmento industrial más sofisticado.
Del ajuste al crecimiento acelerado
El crecimiento no ha sido lineal. En 2023, el valor importado cayó a US$ 42,151, un retroceso de 50.2% frente al año anterior. Lejos de ser un fracaso, ese descenso parece responder a una fase de aprendizaje: muchas empresas ya habían comprado sus primeras máquinas y estaban probando cómo integrarlas a la operación.
La expansión llegó en 2024, con US$ 212,393 importados (+403.9%), y se consolidó en 2025 con US$ 281,336. Los datos parciales de 2026 muestran que la tendencia sigue al alza: de mantenerse el ritmo mensual observado entre enero y abril, el país cerraría el año con un récord.
Conviene, sin embargo, leer con pinzas la base 2022. La subpartida 8485 recién fue creada en la revisión del Sistema Armonizado 2022; antes, muchas impresoras 3D viajaban bajo otros códigos arancelarios. Parte del salto estadístico puede reflejar una migración de clasificación, no solo un boom del mercado.

De China a Estados Unidos: el mapa cambia
El origen de los equipos también se está reordenando. En 2022, el mercado peruano estaba dominado por China e Israel, mientras que Estados Unidos apenas concentraba el 0.5% del valor importado.
Cuatro años después, la fotografía es otra: China sigue liderando con el 47.2% del valor importado, pero Estados Unidos ya representa 39.8%. El cambio no es solo de proveedor: es, sobre todo, de tipo de máquina.
Las impresoras chinas tienden a cubrir usos generales y precios de entrada, mientras que una porción relevante de las importaciones estadounidenses corresponde a equipos de grado industrial, usados para piezas de alta resistencia o precisión.

Dos mercados bajo el mismo paraguas
La impresión 3D peruana ya se mueve en dos carriles claramente diferenciados.
El primero es el de la tecnología accesible: pequeños talleres, universidades, estudiantes y emprendedores que compran a distribuidores locales como Krear 3D, Home Maker 3D, Naylamp Mechatronics (Trujillo) o 3Dprint.pe.
La mayoría de sus equipos vienen de marcas chinas como Creality, y se adquieren sin necesidad de importar directamente. El resultado: una impresora 3D básica cuesta hoy menos de lo que costaba hace unos años.
El segundo es un mercado mucho más pequeño en número de equipos, pero mucho mayor en valor: grandes empresas que importan maquinaria industrial desde Estados Unidos, Suiza u otros países europeos.
Son máquinas capaces de trabajar con resinas técnicas, nylon, poliamida reforzada o polvo metálico, y que producen desde componentes mecánicos hasta guías quirúrgicas o piezas para maquinaria pesada.
El dato que delata la tecnología: el valor por kilo
Una forma simple de aproximarse al nivel tecnológico de lo que entra al país es mirar el valor por kilogramo.
- China: cerca de US$ 15/kg.
- Estados Unidos: aproximadamente US$ 142/kg.
- Suiza (2024): alrededor de US$ 163/kg.
La diferencia no es trivial: sugiere que Perú está importando, simultáneamente, máquinas económicas para prototipos y repuestos básicos, y equipos de alta precisión para odontología, salud e ingeniería avanzada.
Un caso especialmente ilustrativo ocurrió en 2024: desde Suiza llegaron apenas 227 kilos de equipos, pero con un valor total de US$ 37,000. El precio implícito es tan alto que difícilmente corresponde a impresoras convencionales; todo indica que se trató de equipos médicos o de precisión para clínicas y laboratorios especializados.

Un mercado todavía pequeño, pero cada vez más visible
Las cifras acumuladas de importación siguen siendo modestas si se comparan con otros bienes de capital. Consultoras internacionales como Market Research Future estiman el mercado peruano total de impresión 3D (equipos, materiales y servicios) en cerca de US$ 15 millones para 2025, con un crecimiento compuesto anual cercano al 15% en los últimos cinco años.
Esa brecha entre las importaciones directas capturadas por SUNAT y el tamaño total del mercado refleja el peso de la reventa local, los insumos (filamentos, resinas) y los servicios.
La lectura de fondo es clara: la impresión 3D ha dejado de ser un nicho universitario o de hobbistas. Empresas de agroindustria, minería, salud e ingeniería empiezan a usarla para reducir tiempos, costos y dependencia de proveedores externos.
No sustituye a la industria tradicional, pero ocupa un lugar cada vez más estratégico cuando lo que importa no es producir miles de unidades, sino fabricar una pieza a medida, hoy y aquí.
Y esa puede ser la transformación más importante: que, en lugar de esperar semanas por un repuesto importado, cada vez más empresas peruanas puedan imprimirlo ellas mismas en una sola noche.