Luego de cuatro postulaciones consecutivas de Keiko Fujimori —con el desgaste que eso supone para los votantes— e independientemente de quién logre finalmente la victoria en la última elección presidencial, es posible afirmar, a estas alturas, que el fujimorismo ha perdido peso en la región Piura. Poco, es cierto, pero los datos muestran una verdad y una tendencia.
Viendo el mapa electoral, es evidente que todavía existe una mayoría relativa que opta por Fuerza Popular. De allí la narrativa de que “Piura es fujimorista”, con los sesgos y los prejuicios que esa frase implique. Sin embargo, lo prudente —y más importante— es conocer cómo se distribuye el voto, además de considerar otras variables relevantes que permiten comprender mejor la realidad.
La región Piura está compuesta por 8 provincias y 65 distritos. Lo que es usual desde las elecciones de 2011 es que los distritos del litoral y la costa opten por Keiko Fujimori, mientras que los distritos de las zonas altoandinas voten por una opción distinta en la primera vuelta y por la opuesta en la segunda.
Para conocer el voto fujimorista en términos reales, es preciso remitirse al porcentaje de votos emitidos, según el conteo oficial de la ONPE. En 2011, la diferencia entre Fujimori y Ollanta Humala fue muy estrecha: menos de un punto porcentual en la primera vuelta (Fujimori, 27.12%; Humala, 26.39%) y menos de cinco puntos en la segunda (Fujimori, 49.05%, Humala, 44.67%).

Con esos resultados, difícilmente se podría hablar de una región “fujimorista” como tal, ya que, por ejemplo, en Cajamarca, Fujimori obtuvo similares cifras en esas elecciones de 2011 (27.15% en primera vuelta y 45.15% en segunda) y tal parece que ningún análisis serio concluyó que esa región era “fujimorista”, ni en aquel entonces ni mucho menos ahora.
Es cierto, sin embargo, que en 2016 la brecha entre los dos primeros lugares fue mucho más amplia, tanto en la primera (Fujimori, 55.00%; Verónika Mendoza, 15.41%) como en la segunda vuelta (Fujimori, 61.03%; PPK, 38.97%). Estos resultados fueron acaso determinantes para que se atribuyera a la región Piura el calificativo de “fujimorista”, aunque Fujimori nunca más volviera a lograr los números de aquel año.
En 2021, Fujimori obtuvo apenas 24.81% en la primera vuelta y 60.05% en la segunda. Y en 2026, obtuvo 28.03% en la primera vuelta y 56.95% en la segunda. Estos números describen un descenso —ligero, pero innegable— en las preferencias fujimoristas.

Descenso en segunda vuelta
Es usual, asimismo, que en las segundas vueltas Keiko Fujimori gane en menos distritos que en las primeras. Ocurrió en 2011, 2016, 2021 y ha vuelto a ocurrir en 2026, cuando 15 distritos viraron a favor de Roberto Sánchez: La Matanza (provincia de Morropón), Amotape, El Arenal, Colán, La Huaca, Tamarindo, Vichayal (Paita), Cura Mori, El Tallán, La Arena, Las Lomas, La Unión (Piura), Bernal, Rinconada Llícuar (Sechura) e Ignacio Escudero (Sullana). Ningún distrito viró a favor de Keiko Fujimori.
Las tres últimas segundas vueltas (2016, 2021, 2026) revelan, por cierto, un incremento —ligero, pero progresivo— de la preferencia de los votantes piuranos por los oponentes de Keiko Fujimori (38.97%, 39.95%, 43.05%, respectivamente), lo que permite reforzar la hipótesis de que el fujimorismo, efectivamente, se ha debilitado.


El panorama es similar en otras regiones del norte del país, donde la tendencia es hacia el descenso. En Tumbes, por ejemplo, el porcentaje de votos emitidos a favor de Fujimori, en primera y segunda vuelta, pasó de 53.77% y 67.31% (2016) a 29.10% y 60.93% (2021) y luego a 26.70% y 59.34% (2026).
En Lambayeque, por otro lado, se pasó de 42.34% y 55.73% (2016) a 17.37% y 54.04% (2021) y luego a 14.30% y 54.39% (2026). Y en La Libertad, se pasó de 40.57% y 57.20% (2016) a 13.38% y 55.36% (2021) y luego a 16.20% y 53.14% (2026).
Ausentismo y voto en blanco
En cuanto a los electores piuranos, una particularidad es que en primera vuelta un quinto de ellos suele votar en blanco o nulo, mientras que en segunda vuelta el porcentaje se reduce a menos del 10%. De aquí se interpreta que tienden a verse forzados a elegir entre una de las dos opciones: el llamado “mal menor”.

Asimismo, en cuanto al ausentismo electoral, hace veinte años (2006), solo 1 de cada 10 piuranos no acudía a votar. Pero hoy (2026) 1 de cada 4 electores se ausenta. Un panorama ciertamente preocupante, que debe llevar al debate público la posibilidad de que el voto ya no sea obligatorio, sino voluntario.
Los distritos con mayor ausentismo —de entre 40% y 60% en promedio— suelen ser de las provincias de Ayabaca y Huancabamba, donde no solo las distancias a los locales de votación son mayores, sino que las multas por no votar son menores —dado que son consideradas zonas de extrema pobreza— y además hay poblaciones que ya no residen allí. Pero también hay un ausentismo de zonas rurales de distritos de Piura, Sullana y Paita —un 20% en promedio— muy probablemente por las mismas razones.


Volviendo al mapa electoral de 2026, es evidente que el fujimorismo, como opción política, ya no tiene la misma fuerza de antaño en la región Piura. Hay distritos donde el color naranja se torna aún nítido, pero hay otros donde es más bien tenue. Es la ilustración de una mayoría relativa, con porcentajes que van desde escasos 13% y 14% en algunos distritos hasta máximo 40% (con un 24% en promedio); mientras que Roberto Sánchez obtuvo desde 18% y 19% hasta más de 50% incluso, con un promedio de 35%.


La explicación más sensata es que Fujimori sigue acaparando el primer lugar en la región porque el voto restante —el de la mayoría real— se disgrega entre un sinnúmero de candidatos. Una mayoría relativa que, en términos prácticos, le ha permitido al fujimorismo obtener de 3 a 4 escaños en el Congreso, de los 7 que le corresponden a Piura, y ahora también el único escaño que corresponde a Piura en el Senado.
Por ello, es importante mencionar —a modo de ejemplo— que el fujimorismo en bloque (al igual que Somos Perú), desde su bancada en el Congreso, eliminó las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias que hubieran permitido tener un menor número de candidatos, lo que, a su vez, hubiera concentrado mejor el voto que no le terminó favoreciendo. Se sumaron a esta eliminación las bancadas de Renovación Popular, Avanza País, Alianza para el Progreso y Acción Popular. Estos últimos casi todos en bloque.

Porque si en primera vuelta de 2026 el fujimorismo obtuvo 21.50% de los votos emitidos, fue mayor no solo el porcentaje de votos no fujimoristas, sino incluso el porcentaje de votos en blanco y nulos (23.31%) y hasta el porcentaje de electores ausentes (25.20%).
Perfil del votante
En cuanto al perfil del voto fujimorista, este es sumamente diverso: procede de distritos con índices de pobreza monetaria bajos (como Piura, con 9.8%) y altos (como Las Lomas, con 41.5%); distritos con índices de desarrollo humano altos (como Piura, Castilla o Paita, en el segundo quintil) y bajos (como Lancones, Cura Mori o El Tallán, en el cuarto quintil); distritos con índices de analfabetismo bajos (como La Matanza, con 8.8%) y altos (como El Alto, con 33.3%); y distritos con índices de desnutrición medios (como Cura Mori, con 29%) y bajos (como Veintiséis de Octubre, con 9.5%) en menores de cinco años.
De modo que es difícil establecer un perfil único del voto fujimorista en Piura, ya que este proviene tanto de zonas rurales o urbano-marginales que, acaso por experiencia o herencia, conservan ciertos dogmas y una consigna mesiánica de un Fujimori popular y pragmático; como de urbanizaciones o zonas residenciales que quizás prioricen más sus prejuicios políticos, consignas económicas y convicciones conservadoras.
Finalmente, es necesario considerar variables importantes que forman parte, sin duda, de la estrategia fujimorista. Por ejemplo, el scouting que el partido hace en las provincias cuando se trata de designar candidatos al Congreso, ya que la selección no responde, ni de lejos, a un criterio técnico —tan mentado en las segundas vueltas—, sino, en muchos casos, a una percepción de popularidad o afinidad de los candidatos con organizaciones sociales y sectores populares, a fin de asegurar votos a su favor.
Estas y otras variables, basadas en datos, son imprescindibles en cualquier análisis serio que busque comprender realmente cómo votan los piuranos, más allá de prejuicios antojadizos que tergiversan y simplifican una compleja realidad digna de un debate alturado e informado.