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Reflexiones en tiempo de cuarentena (30 días y contando)

Reflexiones en tiempo de cuarentena (30 días y contando)

Hoy se cumplen 30 días de la inmovilización social obligatoria dispuesta por el gobierno para contener la expansión del COVID-19 en nuestro país. Es un buen momento para reflexionar y esbozar algunas lecciones aprendidas de cara al futuro.

Empecemos por repasar las estadísticas nacionales.

A la fecha, la tasa de mortalidad por COVID-19 es de 2.20%. Vista con ligereza, esta cifra parecería menor.

Quizás ese enfoque trivial impida a muchos comprender la magnitud de la pandemia. Asimismo, puede inferirse que el falaz “no me va a pasar” sería el trasfondo que explica (pero para nada justifica) la trasgresión de las medidas dictaminadas.

En el contexto actual, desacatar las reglar puestas para esta inmovilización social –más allá de una lotería individual– se convierte en una apuesta en contra de todos los peruanos.

Y es que, finalmente, las restricciones establecidas buscan proteger la salud pública y con ello evitar el colapso de nuestro limitado sistema sanitario. Sin embargo, no todos parecen entenderlo así.

Frente a esta coyuntura, cabe preguntar: ¿somos una nación madura, capaz de pensar en el bien común por encima de los intereses particulares?

La respuesta es “no”. Muestra de ello son la corrupción a todo nivel y las postales negativas que nos va dejando la así llamada cuarentena.

Para transformar este escenario, debemos tener claro que el estado provee estructuras para el desarrollo económico y social, pero son los individuos quienes lo dinamizan.

Cumplir la ley para no sobrecargar el sistema judicial, tributar para robustecer el erario nacional y así activar la inversión pública, generar emprendimientos y con ello crear empleo, son solo algunos de los ejemplos de dicha dinámica.

He allí la importancia de reconocernos y comprometernos como agentes de progreso.

Hacernos cargo de nuestros deberes ciudadanos supone también elegir correctamente a nuestras autoridades.

No olvidemos que la crisis por el COVID-19 encontró al país con un presidente que no fue electo, sino que debió asumir el cargo por la renuncia de un mandatario que enfrentó la intransigente oposición de un congreso que luego fue disuelto por oponerse –entre otras cosas– a la reforma política del estado.

Sin que signifique un aval pleno de la gestión del ejecutivo, es importante hacer una mención positiva para la decisión de apoyo a la economía familiar (bonos, disposición de CTS y/o fondos de pensión).

Similar valoración corresponde a las gestiones para sostener y reactivar la economía en el corto, mediano y largo plazo (garantía para créditos a empresas, subsidio parcial de planillas, aportes al sistema de salud).

Más allá de las disposiciones mencionadas, la crisis producida por el COVID-19 deja claro que debe invertirse mucho más en el sector salud, con particular énfasis en la salud mental.

Es más que seguro que –a causa de esta emergencia sanitaria– muchos compatriotas experimentan cuadros de ansiedad y depresión, pero estos no son visibles porque no saben a qué instancias recurrir.

Cuidar nuestra salud mental implica, principalmente, desarrollar vínculos suficientemente buenos.

Por ello es importante acercarnos y reconectar con nosotros mismos, con nuestra pareja, con nuestros hijos, con nuestros padres, con nuestros amigos. Más que una lección, esta es una oportunidad y debemos aprovecharla.

Del mismo modo, tocará replantear la forma en que buscamos satisfacción. Muchas personas suponen que “tener es más que ser”.

Por ello, sienten que el dinero no siempre alcanza para hacer todo aquello que (creen que) desean hacer.

Es momento de pensar si conferimos un énfasis desproporcionado al consumo y postergamos pequeños placeres más sencillos como el descanso, el ejercicio físico o la práctica de hobbies (vieja usanza que muchos habrán reencontrado en estos 30 días).

Y ya que estamos proponiendo nuevos hábitos, será favorable hacerle un lugar mayor a la cultura. Que este tiempo en cuarentena sirva para explorar (por ahora, de manera virtual) obras de teatro o exposiciones de museos.

En estos tiempos posmodernos, las finanzas personales muchas veces son motivo de malestar psicológico y conflictos interpersonales.

Para reflexionar sobre esto, hemos de recurrir a un viejo refrán que nos recomienda “guardar pan para mayo”.

Qué importante es ahorrar; más aún para quienes se saben vulnerables, en tanto dependen del ingreso diario.

Destinar un monto a un fondo de contingencia permitirá que –si acaso no es posible salir a trabajar– ese día no sea de carencia total. Esto como un aprendizaje para cuando vengan tiempos mejores.

De momento, toca apelar a la responsable distribución de subsidios, a la solidaridad comunitaria y a tantas otras estrategias que ayuden a los más necesitados a sobrellevar favorablemente la crisis actual, tal como lo ha hecho nuestra nación en oportunidades anteriores.

Como toda crisis, esta lucha contra el COVID-19 resulta una excelente oportunidad para que –con auténtico compromiso cívico– todos podamos decir “yo también me llamo Perú” y pongamos los ladrillos que nos corresponda para construir un país sólido, que resista cualquier adversidad.

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