El sector construcción apunta a convertirse en uno de los principales motores de la economía peruana este año. El Banco Central de Reserva (BCR) elevó de 6% a 10% su proyección de crecimiento para la actividad, luego de registrar una expansión de 13.3% en el primer trimestre, impulsada por el avance de obras de infraestructura públicas y privadas.
La revisión ocurre en un contexto de mayor dinamismo de la inversión y del consumo interno. El BCR también elevó de 3.2% a 3.4% su previsión de crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) para 2026.
La mejora responde principalmente a una perspectiva más favorable para los sectores no primarios, aunque el impacto de El Niño sobre las actividades primarias limita una mayor expansión de la economía.
La construcción no solo muestra un buen desempeño en obras públicas. La inversión residencial y la autoconstrucción también sostienen la actividad.
En el primer trimestre, la inversión privada creció 13.2% interanual, mientras que la inversión residencial aceleró su ritmo por el avance de la autoconstrucción y del mercado inmobiliario, junto con una mayor demanda interna de cemento.
El BCR espera que la inversión privada crezca 12.5% en 2026, frente al 9.5% que había proyectado en su reporte anterior.
La revisión considera el mejor desempeño de la inversión no residencial y la evolución favorable de indicadores como las importaciones de bienes de capital y materiales de construcción, además del consumo interno de cemento.
Cemento y vivienda sostienen el avance
El Departamento de Estudios Económicos de Scotiabank también anticipa un año favorable para la construcción. La entidad proyecta que las ventas de cemento aumentarán cerca de 10%, en línea con el crecimiento previsto para el sector.
El consumo de este insumo se encuentra respaldado por tres frentes: la autoconstrucción, la venta de nuevas viviendas y los proyectos de infraestructura.
En el caso de la autoconstrucción, el mayor empleo formal y el incremento de los ingresos permiten que más hogares destinen recursos a ampliar o remodelar sus viviendas.
El mercado inmobiliario formal también aporta al resultado. La colocación de créditos hipotecarios creció 11.7% en mayo, mientras que las menores tasas favorecen el acceso al financiamiento.
El reporte de Scotiabank proyecta un crecimiento de 9.4% para la construcción en 2026. Su estimación considera que la autoconstrucción representa cerca del 70% del consumo interno de cemento. Además, señala que las ventas de viviendas formales crecieron 25% en el primer trimestre.
El BCR coincide en que la inversión residencial tendrá un papel relevante. Su proyección para 2026 contempla un crecimiento de 4.4% de la inversión residencial y de 15.8% de la inversión no residencial.
Esta última incluye proyectos de sectores distintos al inmobiliario, como minería, energía, comercio e industria.
Infraestructura abre otra fuente de crecimiento
El otro gran soporte de la construcción está en los proyectos de infraestructura. El BCR destaca el avance de la Línea 2 y de un ramal de la Línea 4 del Metro de Lima, cuya inversión alcanza los US$5,300 millones.
A ello se suma una mayor ejecución de proyectos bajo el mecanismo de obras por impuestos (OxI), además de inversiones en puertos y aeropuertos.
Estos proyectos pueden mantener elevada la demanda por cemento, acero y otros materiales vinculados con la actividad constructora.
En ese escenario, el Gobierno ha colocado a la infraestructura entre sus prioridades. La presidenta Keiko Fujimori señaló en su mensaje a la Nación del 28 de julio que buscará acelerar la inversión pública y privada en infraestructura productiva.
Entre los proyectos mencionados figuran las líneas 3, 4, 5 y 6 del Metro de Lima, además de sistemas de metro para Arequipa, Piura y Trujillo y los trenes de cercanías Lima-Ica y Lima-Barranca.
El objetivo no se limita a elevar el gasto en construcción. La Asociación para el Fomento de la Infraestructura Nacional (AFIN) sostiene que el reto está en cerrar las brechas de servicios en transporte, agua, saneamiento, electricidad, salud y educación, pero también en mejorar la gestión de los proyectos.
Su presidente, Juan Antonio Pacheco Romaní, advirtió en diario El Peruano que no basta con construir. Los proyectos deben contar desde el inicio con mecanismos para garantizar su operación y mantenimiento.
En esa línea, defendió el uso de asociaciones público-privadas (APP) para desarrollar infraestructura sin generar una presión excesiva sobre las cuentas fiscales.
El reto será convertir inversión en infraestructura útil
El mayor crecimiento de la construcción no elimina los problemas que enfrenta el sector. La ejecución de una obra no garantiza por sí misma que la inversión genere beneficios sostenibles para la población.
AFIN ha identificado alrededor de 2,500 obras paralizadas en el país. Además, estima que existe una cartera de unos US$50,000 millones en proyectos de infraestructura que podría generar hasta dos millones de empleos formales.
El desafío, por tanto, será convertir el mayor flujo de inversión en obras terminadas y operativas. Esto exige reducir los retrasos, mejorar la planificación y asegurar recursos para el mantenimiento.
El escenario también tiene un límite fiscal. El BCR proyecta que la inversión pública crecerá apenas 1% en 2026, luego de que esta se contrajera 0.2% interanual en el primer trimestre.
La menor ejecución del Gobierno Nacional, en particular de proyectos a cargo de la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN), fue parcialmente compensada por los gobiernos subnacionales.
Por ello, buena parte del impulso adicional deberá provenir de la inversión privada y de mecanismos que permitan articular recursos públicos y privados.
El BCR elevó su previsión de inversión privada precisamente por el avance de proyectos no residenciales y la mejora de los indicadores vinculados a construcción.
La construcción parte así con una ventaja frente a otros sectores: tiene demanda proveniente de los hogares, del mercado inmobiliario y de grandes proyectos de infraestructura.
El reto para 2026 será que ese impulso no se quede únicamente en mayores volúmenes de cemento y obras en ejecución, sino que se traduzca en infraestructura terminada, mantenida y capaz de reducir las brechas que aún enfrenta el país.