Covid-19 en Perú: Salud mental y economía

El último discurso por fiestas patrias de Martín Vizcarra ha generado, como es usual, análisis desde diversos puntos de vista. Asimismo, ha sumado reseñas favorables como críticas desproporcionadas. Es parte de la dinámica política.

En esta columna nos centraremos en hablar de un tema que ha sido el gran ausente en anteriores mensajes a la nación: salud mental.

Servicio de lavandería

Al analizar el mensaje presidencial, encontramos que la palabra “salud” fue la más mencionada (68 veces en total). Este no es un dato menor. Veamos por qué.

En el trabajo psicoterapéutico, un contenido que aparece repetidamente en el discurso del consultante evidencia un tema por procesar.

Bajo esa premisa, la constante referencia a la salud -más que un reflejo de la coyuntura actual- debe interpretarse como un señalamiento de algo que resulta imperativo atender y trabajar.

Con frecuencia se dice que los discursos presidenciales en fiestas patrias tienen más de “laundry list” que de reflexión autocrítica y propuestas articuladas.

Pues bien, esta lista de lavandería incluye los trapos sucios que la crisis sanitaria ha expuesto: severas deficiencias en el sistema de salud, informalidad rampante, pobreza monetaria, ardides de la clase política, y la oscura sombra de la corrupción.

Más allá de las críticas o cuestionamientos que pueda suscitar el mensaje del primer mandatario, resalto la toma de conciencia respecto a la importancia de colocar a la ciudadanía como eje estructural de las políticas estatales.

Así, se torna alentadora esta reflexión propuesta por el presidente: “No hay salud sin economía y no hay economía sin salud”.

La riqueza de las naciones

En tanto ciencia que se orienta a promover el desarrollo de las sociedades, la economía juega un rol preponderante en la gestión pública.

Lograr un gobierno eficiente requiere políticas que articulen tres grandes ejes: salud, educación y trabajo.

Fortalecer los sistemas de salud y de educación es una acción que incide directamente en el bienestar y la calidad de vida de los individuos, mientras que asegurar un marco de formalidad laboral reconoce a las personas en su dignidad.

He allí las bases de una nación que, al saberse valorada, genera un compromiso real con el desarrollo nacional.

En el cumplimiento de su deber, el poder ejecutivo precisará recordar que crear y distribuir riqueza no es un mero trámite matemático.

De nada sirve tener las arcas llenas si no se gestiona con visión y eficiencia. Ese es un reto que alcanza también a los gobiernos locales.

Lista de pendientes

La atención en salud mental es, sin duda alguna, un pendiente en la agenda nacional.

Las cifras registradas en el Plan Nacional de Fortalecimiento de Servicios de Salud Mental Comunitaria 2018-2021 así lo evidencian.

Por cada 100 000 peruanos, los establecimientos de salud del MINSA cuentan, en promedio, con 1.4 psiquiatras y 10 psicólogos.

En su mensaje desde el Congreso, el presidente Vizcarra resaltó la importancia de fortalecer la atención en salud mental debido al impacto de la pandemia.

El MINSA estima que 7 de cada 10 peruanos atravesarían un episodio de ansiedad o depresión debido al aislamiento obligatorio, la pérdida de trabajo, la enfermedad o la muerte de algún familiar por Covid-19.

No obstante, las necesidades de atención van más allá de una respuesta a las afecciones psicológicas producto de la pandemia.

El Plan Nacional antes referido consigna que el año 2017 se atendieron 187 311 casos de depresión y 245 503 de ansiedad.

Un mayor análisis de esta realidad muestra que la salud mental resulta severamente afectada en condiciones de desventaja social.

Esto es: bajos ingresos, limitado acceso a educación, precariedad laboral y exclusión financiera.

Una gestión gubernamental eficiente y responsable en materia económica implica asignar mayores recursos para la atención de la salud mental de la población.

Crecer como país requiere hacer de esta consigna una política de estado sostenible.

Más te quiero más te cuido

Según estadísticas de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) del 2018, el 63.2% de mujeres sufrieron algún tipo de violencia por parte de sus parejas, siendo más frecuente el maltrato psicológico (58.9%).

Estos son algunos de los indicadores que dan cuenta de la necesidad de generar cambios estructurales en el modo en que nos relacionamos.

En tal sentido, además de la prevención y el tratamiento de enfermedades psicológicas, debe promoverse estilos de vida saludables que se traduzcan en vínculos basados en el pleno respeto del otro.

Para lograrlo, se necesita generar sinergia entre la sociedad civil y las instituciones de los sectores salud y educación.

En tanto núcleo de la sociedad, la familia debe estimular relaciones democráticas y la escuela ha de fomentar en los estudiantes pensamiento crítico y estilos asertivos de relación.

Un requisito fundamental para este importante cambio social es la participación comprometida de profesionales en psicología, medicina familiar, trabajo social, psiquiatría y enfermería.

El resultado de este trabajo multidisciplinario tendría que ser programas de intervención comunitaria basados en valores, interculturalidad y derechos humanos.

Solo de ese modo conseguiremos transformar las posteriores fotografías que se hagan a nuestra sociedad.

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