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¿Tiene salvación el sector cultura luego del COVID-19?

¿Tiene salvación el sector cultura luego del COVID-19?

La crisis generada por un virus diminuto que se alimentó de nuestras ahora más visibles falencias como sociedad, Estado y personas, tiene para los especialistas y seguidores un largo tramo hasta que retomemos el sendero de desarrollo. Hablamos incluso del año 2023.

Y mientras tanto, semana a semana empresas, industrias, trabajadores y familias pondrán en marcha sus actividades de supervivencia y en el mejor de los casos reflote.

Pocos son los casos en que algún sector demore más de un trienio para marcar un crecimiento pujante como el previo a la cuarentena. Pero entre los naranjas (dícese de la economía creativa) poca duda tenemos que el nuestro será uno de ellos.

No desde el lado creador e intelectual en estricto, pues en las crisis del país la cultura siempre ha generado espacios, obras y propuestas originales y potentes. Pero económica y financieramente hablando, la perspectiva es penosa.

Sólo en el sector editorial el retroceso será de más de 450 millones (cifras que asimilarían la cuenta a 2014) y en el audiovisual bordea al menos los 600 millones.

La caída se incrementa por el lado del consumo cultural y la gestión de audiencias. Además del mínimo aforo que se permitirán a los espacios culturales y museos post pandemia (con tasas entre 20% y 40% de su capacidad) agregamos los límites hacia la formación de nuevos públicos junto a las visitas turísticas.

Y las expresiones patrimoniales cuya movilización social es contundente –sean procesiones, fiestas patronales o eventos cívicos- tienen una fortísima merma comunitaria.  

Bajo este panorama y ante la pobre gestión ministerial del sector cultura, muchos se han avocado a fortalecer estrategias como sociedad civil, organizaciones privadas y voluntariado.

Gracias a ello es que la cuarentena ha sido más llevadera para muchos en lo psicológico, en lo sanitario y lo alimentario. Pero resulta lo mínimamente suficiente pues lo público tiene un rol clave a través de ayudas, subvenciones, programas de estímulo y legislación para el sostenimiento de proyectos, agrupaciones y actores culturales.

Un fondo de 50 millones que recién se movilizaría al día 100 de la Emergencia Nacional puede resultar una gota de agua para el bosque seco.

Por ello es que debemos insistir en un verdadero modelo de gobernanza, posibilitando e insistiendo en la comunicación entre sociedad organizada, Estado y empresa, que haga sostenible la acción y promoción del desarrollo creativo y cultural.

La nueva normalidad debe tener en su recetario de inicio la validación y puesta en marcha de políticas de Estado y articulación transversal. Pero, atención: no sólo hablamos del Ministerio de Cultura y el de Turismo… Hablamos y con mayor énfasis de las municipalidades y gobiernos regionales. Y para muestra un prometedor botón: El área de cultura de la Municipalidad de Piura. 

Plan de desarrollo cultural en la nueva normalidad

La Municipalidad piurana empezó el año pasado un proceso participativo para la construcción de un Plan de Desarrollo Cultural Concertado de la Provincia con miras al 2024.

Aunque con algunos vacíos de trabajo de campo y acción más efectiva con los colectivos in situ, a través de consultas virtuales, talleres descentralizados, grupos de trabajo y una conducción especializada, ha podido garantizarnos que como plan público persigue lo que es urgente de reformar en el Estado: el ciudadano primero, su visión, expectativa, conocimiento y aporte.

Los enfoques hacia los derechos culturales, la gobernanza articulada y el diálogo interinstitucional se han plasmado en las diferentes acciones que de manera preliminar arman este documento guía aún en revisión preliminar.

Y esto nos demuestra que efectivamente hablamos de un proceso de planificación estratégica como forma de abordar las políticas públicas en el sector, aplicándolo desde el análisis e interpretación de las dinámicas culturales del territorio.

Sin embargo, dentro del juego de los escenarios futuros nunca se vislumbró uno como el de esta Pandemia y el prolongado Estado de Emergencia Nacional. Ni el plan público mejor sustentado previó la realidad que venimos viviendo.

De manera que lo que ocurre ahora mismo con las nuevas formas de convivencia, consumo, participación y acción de la llamada “nueva normalidad” post pandemia deben alimentar el Plan de Desarrollo Cultural para hacerlo efectivo y sostenible en sus acciones por los próximos cuatro años.

Un aporte hacia ello nace precisamente de lo que ha vuelto evidente esta cuarentena entre los naranja y su manejo público: el nivel de informalidad y precariedad laboral en el sector hace necesario un trabajo de sistematización, generación de data y análisis que promuevan programas de apoyo y estímulos tanto económicos como productivos y sociales.

Añadimos a eso el necesario fortalecimiento de los espacios y plataformas de comunicación, decisión compartida y transparencia, para que el proceso pueda llegar y ser seguido por los diferentes colectivos e interesados.

Los sistemas de información cultural siempre estuvieron en el recetario de lo urgente/importante.

Esta labor aportará al fortalecimiento de la institucionalidad local de la cultura y la creatividad.

Pero otro cambio que cae de maduro tiene que ver con la reforma organizativa del área al interior de la Municipalidad, que le permita actuar con eficiencia y acorde a la realidad de su metrópoli y provincia.

Y recordando que somos prácticamente una metrópoli, es urgente que las dinámicas culturales sean vistas de forma transversal en la gestión y gobierno de lo urbano, dejando la infructuosa parcialización que existe en el Estado donde cada área es una isla separada de la otra.

Aquí resuena como siempre la frase malgastada de “la cultura es transversal”.

Bajo la construcción de una nueva relación entre gobierno local y ciudadanía, se alimentará la visibilidad de los impactos y beneficios sociales, económicos, psicológicos y de derechos que tiene la cultura en nuestra vida diaria.

Porque si una de nuestras mayores falencias como sector se revela dolorosa ante nuestros ojos es el no haber alimentado permanentemente la mirada social y cotidiana de las artes y las culturas, en una sociedad que sigue mirándonos como “cultos egocéntricos”, “indígenas atrasados” o “hippies sin beneficio”. A pesar del trabajo de muchos artistas y promotores que por años han activado procesos creativos en barrios y urbanizaciones, todavía existe ese tufillo generalizado de que lo cultural es algo puramente accesorio e innecesario. Aquí baste una pregunta… ¿Quién puede vivir sin la música?

El Plan de Desarrollo que se sigue gestando al interior de nuestra ciudad debe tomar en cuenta estas formulas, muchas de las cuales han tenido éxito en lugares tan alejados como Barcelona o tan cercanos como Loja. En suma, construyendo un sector cultural resiliente y que convive potentemente con su población, podremos erradicar muchos vicios sociales como la violencia, la corrupción o la malnutrición; además de activar la innovación, la libertad creadora y el bienestar pleno de nuestra generación y las que vienen post bicentenario y post pandemia.

Esperamos vigilantes y ansiosos que en la nueva normalidad Piura lidere y de ejemplo de procesos de renovación sociedad – gobierno, demostrándole al Estado centralista el rostro de cambio y pujanza que siempre hemos tenido ante el Niño más destructor o ante la Enfermedad más letal. #ElevemosPiuranos

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