Ángel Giraldo, fisicoculturista desde muy joven, encontró en la frustración por las dietas repetitivas el impulso para crear su propio negocio. Junto con Claudia Eslava, su socia y esposa, fundaron Protein Food, un emprendimiento que se convirtió en una cadena de restaurantes que llegó hasta México.
Ángel Giraldo y Claudia Eslava
Tanto Claudia Eslava como Ángel Giraldo pertenecen a una tercera generación de migrantes provenientes de regiones como Cajamarca, Chimbote y Trujillo. Claudia tuvo una infancia marcada por el esfuerzo familiar.
Sus padres la tuvieron siendo muy jóvenes, y juntos atravesaron tiempos económicamente difíciles. Ella aún recuerda, siendo apenas una niña, cómo a pesar de su profesión y de los sueños que tenían, la crisis que vivía el Perú en los años noventa los obligó a reinventarse.
Vio a su madre vender hamburguesas en la puerta de su casa y, junto a su padre, abrir una pequeña bodega para que el dinero alcanzara.
Por su parte, Ángel recuerda una infancia feliz en la que mostraba una fuerte vena emprendedora, vendiendo marcianos y tamales desde muy pequeño. A pesar de los desafíos familiares, Ángel se mantuvo enfocado en sus pasiones, practicando música, surfing y llegando a ser campeón de fisicoculturismo.
En el ámbito académico, Claudia Eslava se formó en la Universidad de Lima y posteriormente realizó un diplomado en finanzas corporativas, lo que le permitió desarrollar una trayectoria profesional en el sector financiero trabajando para instituciones como Ferreycorp y Banbif.
Ángel Giraldo estudió cocina en el instituto Gastrotur y luego en San Martín de Chorrillos. También ingresó a la carrera de Nutrición en la universidad, aunque decidió abandonarla cuando el negocio comenzó a demandar todo su tiempo, siguiendo el consejo de un profesor que lo instó a decidir entre la academia y emprendimiento.
Antes de consolidar su propia empresa, Ángel moldeó su carácter y habilidades de ventas trabajando en diversas cadenas de servicios como Kentucky Fried Chicken, Starbucks, McDonald’s, Cinemark y Chili’s, donde se desempeñó como mesero.

Historia de Protein Food: Inicios
El punto de inflexión para el emprendimiento ocurrió en el año 2008, cuando Ángel realizó un programa de Work and Travel en Estaos Unidos. Allí observó un mercado avanzado en suplementos y alimentos proteicos que aún no existía en Perú.
Al regresar en 2009, tras ganar el título de Mr. Lima, comenzó a experimentar en la cocina de su casa con un capital de entre S/5 y S/20, elaborando barras de proteína y galletas de avena.
Vendía sus productos de forma ambulatoria en microbuses y visitaba gimnasios por toda la Avenida Arequipa cargando una maleta. A menudo, debía intercambiar sus productos por pasajes de microbús para poder transportarse. Claudia conoció a Ángel en esta etapa como una de sus clientas más fieles, una aficionada al fitness, y pronto la relación comercial se transformó en un romance y una sociedad estratégica.
El camino no estuvo exento de sacrificios profundos; en el año 2014, la familia de Ángel lo expulsó de su hogar al no valorar su emprendimiento, lo que le obligó a la pareja a mudarse a su primer taller de Chorrillos.
Durante este periodo, durmieron en el suelo del local para ahorrar dinero y reinvertirlo en el negocio. Posteriormente, la abuela de angel les regalo un sofá cama que funcionaba como asiento para clientes durante el día como cama por la noche en su modesto local de la Campiña-Chorrillos
A este esfuerzo se unió Martín Espinoza, el mejor amigo de la pareja y comunicador experto en marketing y relaciones públicas, quien aportó visión comercial necesaria para que la marca empezara a crecer.

Crecimiento
El éxito masivo finalmente llegó el 12 de septiembre de 2016 con la apertura de su local en Miraflores, donde la innovación de productos como el helado Soft de proteínas de 84 calorías y la Fitzza de masa de avena generaron largas colas de clientes.
En el 2019, recibieron una propuesta de expansión para México. Aunque inicialmente los fundadores dudaban de la veracidad de la oferta, viajaron a México por el cumpleaños de Claudia y terminaron estableciendo el contacto en Querétaro, una ciudad con alta inversión industrial.
La pandemia de 2020 los sorprendió en territorio mexicano; ante el cierre de fronteras en Perú, decidieron quedarse y continuar con la inversión. En los primeros meses, Ángel y Claudia realizaron entregas a domicilio personalmente para posicionar la marca antes de abrir su primer local físico en agosto del mismo año.
Esto dio inicio a una adaptación de la marca a los productos que consumían en México. Por ello, transformaron platos tradicionales mexicanos en versiones nutritivas, como los chilaquiles horneados sin aceite y bajos en sal, sándwiches de pollo con chipotle y tamales elaborados íntegramente a base de avena.
A diferencia del mercado peruano, donde el fuerte de la marca son los productos dulces, en México la consolidación se dio a través de las opciones saladas, las cuales llegaron a nivelar las ventas de la empresa en este país.
Actualmente, la marca logró establecer una presencia sólida con dos locales operativos situados estratégicamente en Querétaro y en la Avenida Roma de la Ciudad de México.
A pesar de los desafíos financieros que enfrentaron durante la crisis sanitaria, los cuales incluyeron la hipoteca de su casa y la pérdida temporal de sus ahorros, los fundadores lograron estabilizar la operación y recuperar su capacidad de crecimiento.

Planes
Claudia y Ángel tienen planes de expansión agresivos para Protein Food. En Lima, planean duplicar la operación en un año y medio, terminando este año con tres locales más y el próximo año con cinco adicionales, para llegar a un total de 10 locales.
Protein Food planea una expansión en México, además de ampliar su proyección para llegar a provincias en Perú.
Contactos
Facebook: Protein Food
Instagram: @proteinfoodperu
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