Moto-delincuentes ¿Se logrará reducir los asaltos obligando a las motos a quitar el segundo pasajero?

¿Es pertinente la aprobación de una ley que se prohiba un segundo pasajero en las motos lineales para frenar la delincuencia? Aquí un análisis.
Por Gonzalo Galvez Chaparro
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Alarma en las calles de Piura. El centro de la ciudad se sumerge en el ruido de los bocinazos provenientes de la enorme cantidad de motociclistas que inundan las vías y enredan el tráfico.

Mi primer pensamiento: Renunció Castillo. Chequeo las noticias en internet y lo único referido al presidente es su pedido de adelantar la ratificación de su nuevo gabinete. ¿Será que el Grau ganó algo importante? Nueva búsqueda y nada. Finalmente, encuentro la causa. Se trata de un proyecto de ley que el Consejo de Ministros aprobó y envió al Parlamento. Buscan prohibir al segundo pasajero en las motos lineales incluyendo el impedimento de que el conductor porte armas, aunque cuente con el permiso exigido. El objetivo: disminuir la delincuencia que se ha incrementado en relación a los delitos cometidos a través de este vehículo.

La pregunta del millón: ¿Cuál es la naturaleza del problema? ¿Son las motos? ¿Son las armas? ¿Es el segundo pasajero? ¿Y los que suben a sus hijos, a sus esposas o esposos? ¿Qué es lo que este proyecto de ley pretende? ¿Qué los delincuentes no cometan delitos a través del uso de una moto? Los delincuentes no son tontos. Es muy probable que busquen otro medio de transporte para seguir con sus nefastas labores. Es más, en un escenario poco optimista, hasta podrían empezar a incrementarse los robos de otros medios de transporte para continuar con sus delitos. ¿Vamos a prohibir que otros vehículos puedan llevar a otras personas?

Si el discurso político que promueve las normas las presenta como la solución al problema en vez de sincerar que se trata de un parche entonces el problema es más grande y la solución más lejana.

El delincuente es un ser inteligente. De lo contrario no tendrá éxito en su oficio. Los delincuentes también piensan; distinto, pero piensan. Para elaborar una ley de este tipo hay que realizar un trabajo de investigación profundo. Se necesitan insights sobre cómo estos delincuentes motorizados ejercen sus tropelías, qué los motiva; cómo los policías se las ingenian para dar con los antisociales del ramo. Eso nos permitiría arribar directamente al meollo del asunto y responder algunas de las preguntas incoadas. Si se quiere eliminar este problema, todo esto y mucho más, es necesario. Si bien los que confeccionaron el proyecto de ley se tomaron este trabajo al consultar las estadísticas del INEI y otras fuentes más o menos pertinentes, no es necesario saber física cuántica para aplicar una dosis de sentido común y lógica muy asequible. Aunque, es cierto que en los tiempos que corren esto puede ser muy difícil de conseguir.
Para que una ley como la que sea proyecta sea eficaz, se necesita un control serio y diligente por parte de los encargados de reforzar su cumplimiento. Pero como todo esto no es suficiente, se hace ineludible contar con una campaña educativa de la ciudadanía. Damos por descontado que la ley sea razonable. De lo contrario no servirá para nada.

El nivel de desobediencia a la Ley General de Transportes a la que el proyecto atribuye la prohibición de servicio de transporte público en un vehículo de dos ruedas es claro. Lo invitamos a salir a pasear por las recién inauguradas veredas del centro de Piura. Sin miedo a equivocarme, le puedo asegurar que experimentará el acoso de decenas de motociclistas a través de señas o el grito “motoooo” en un afán de seducir al peatón para subirse a uno de los principales medios de transporte de la provincia.

Hay otros medios que a primera vista parecen más eficaces que emitir una ley: Se puede, por poner algunos ejemplos, generar una mayor dificultad para acceder a una moto ya sea en el momento de su compra, en la obtención de la licencia para conducirla o en la posibilidad de conseguir la placa exigida para circular. En todo esto hay aspectos que se pueden reforzar o en los que se puede ejercer mayor control para evitar o, al menos dificultar, que los malhechores se puedan subir a una moto para cometer un crimen.

¿Una ley? Ya tenemos muchas. Varias en desuso por el simple hecho de que no hay quien vigile por ello y por la falta de una cultura que promueva el cumplimiento de las leyes y el abandono de la informalidad. Y, sobre todo, ¿por qué tanto alboroto? ¡Es un proyecto de ley!

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