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Las tres fases de un emprendedor local

Las tres fases de un emprendedor local

En el Perú, los emprendedores se cuentan por millones y brindan trabajo a otros millones.

En Piura, se calcula que existen unas 70 mil mypes, emprendedores que trabajan por sus familias y por un sueño llamado: la empresa propia.

Según el Ministerio de la Producción, del segmento Mipyme (micro, pequeña y mediana empresa), las mypes representan el 96,2%; las pequeñas, 3,2%; y 0,1% la mediana empresa.

¿A qué se dedican? El 88% al comercio y servicios; el resto a la actividad productiva (manufactura, construcción, agropecuario, minería y pesca).

Además, generan el 60% del empleo y, de cada 100 personas, 10 dirigen una Mipyme formal.

Estas cifras reiteran la capacidad del peruano para crear su negocio propio. Pero, ¿qué otras cuestiones nos plantean estas cifras?

En mi cercanía con un valioso grupo de microempresarios regionales y por diversas reuniones que mantengo con algunos amigos economistas, siempre me asaltaba una pregunta: ¿existe un ciclo de vida del emprendedor regional?

Luego de varias tazas de café con las personas mencionadas, llegamos a una propuesta: El emprendedor pasa por tres fases.

La primera: ‘emprendedor de subsistencia’. ¿Quiénes están? Por mencionar algunos: los dueños de la ‘bodega de la esquina’, ‘el chino de la tienda’, o la señora de las ricas mermeladas caseras.

Ellos montaron su negocio para tener ingresos diarios, mantener a su familia y satisfacer sus necesidades básicas. Estos objetivos los consiguen pero no está en sus prioridades crecer en el negocio.

Esto no es malo pues simplemente es una decisión personal. ‘De esto he vivido y he podido darle educación a mis hijos’, afirman muchos de ellos.

La fase dos es la del ‘emprendedor intuitivo y oportunista’. Aquí el emprendedor se cuestiona: ¿Por qué no crecer? Se convence que debe expandirse y decide invertir.

Este emprendedor ‘huele’ el negocio y se lanza. Sabe detectar las oportunidades y los pasos a seguir.

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Sin embargo, su crecimiento viene acompañado de algo que le abruma: conoce el mercado, sabe vender pero, en un momento específico, percibe que no es suficiente. Diagnostica que su propuesta de valor no la puede mantener porque es imposible estar en todos los sitios y mantener las mismas buenas prácticas.

La frase: “El ojo del dueño engorda el ganado”, ya no es suficiente.

La última fase es el ‘emprendedor empresario’. Aquí el emprendedor se da cuenta que debe aprender a dirigir y gestionar su empresa. No alcanza solo con saber vender.

En esta tercera fase piensa la estrategia y proyecta rentabilidad. La liquidez no es suficiente y planifica diversificar su inversión en otros negocios que también le generen rentabilidad.

A esta fase se puede llegar luego de algunos años de caídas y triunfos. Manejando la gestión se convierte en empresario en el sentido estricto de la palabra.

Como es obvio, esta propuesta es debatible y mejorable. Con una taza de café o una cremolada, el debate será más enriquecedor. 

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