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La letra con sangre entra

La letra con sangre entra

En estos últimos días, las redes sociales se han convertido en el mejor diagnóstico de nuestra realidad.

He confirmado que somos una sociedad enferma – no solo por el coronavirus –  y, además, contradictoria.

Como sociedad necesitamos reflexionar sobre lo que realmente creemos y queremos para nuestro país y su futuro: nuestros hijos.

El último debate en redes fue la acción del militar Christian Cueva en un operativo en Sullana. Las redes sociales se volvieron un hervidero de opiniones e insultos.

Luego de leer decenas de comentarios llego a dos conclusiones: nos cuesta mucho respeta las órdenes y entender lo que es el bien común; luego, aun creemos que la ‘letra con sangre entra’.

Somos una sociedad plagada de ignorantes, personas que desconocen, realmente, el valor de la vida y el respeto a las normas.

Si la orden es no salir de casa, ¿por qué hay un grupo que no cumple? La respuesta, en parte, está en que ignoran lo que es el bien común.

La educación sigue en deuda. Si no sabemos respetar órdenes, no nos lamentemos por la falta de líderes y por ser la segunda región con más casos de COVID-19.

Lo segundo es igual de preocupante. Una frase cobra relevancia en crisis: ‘La letra con sangre entra’.

Reescribo lo que leí: “Le debieron dar más golpe a ese burro”, “Le hubiera metido más cachetadas para que entienda”, “Así se pone orden”, “Un rondero lo hubiese roto a palos”, “Es la única manera que entiendan”, “Esas cachetadas son las que su madre nunca le dio”, “los militares tienen sus métodos”.

Bajo esos razonamientos se genera esta lógica: “A más golpe, más inteligentes”, “A golpes la gente entiende”. ¿Realmente es así? La lógica también puede ser una falacia.

Si lo contextualizamos en la violencia familiar, “el más me pegas más te quiero”, cobra sentido bajo ese razonamiento.

¿Y dónde está la contradicción? Pues los que aprueban el accionar militar son los mismos que critican el ser una región fujimorista.

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Un comentario resume mi hipótesis: “Esta es la gente que elige a Fujimori por eso merece más golpe”. ¿Le suena contradictorio? ¿Fujimori no representa un violador de derechos? ¿Somos el monstruo que queremos evitar?

Estamos en emergencia y hay limitación de ciertos derechos, pero eso no significa que los perdimos.

Esta reflexión y la emergencia deja en evidencia dos temas: salud y educación son los sectores prioritarios en políticas públicas.

Dos promedios: en salud hoy invertimos US$ 300 por paciente, muy lejos de Chile con US$ 1000 (7 a 1).

En educación, Perú invierte US$ 1100 por estudiante; Finlandia, la mejor educación del mundo, US$ 12,800 (12 a 1). Ampliaremos estos datos en un futuro artículo.

La cachetada quizá sirva para ver la realidad en frío. Hay mucho por hacer.

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