Lo que comenzó como un emprendimiento familiar, rodeado del dulce aroma del chocolate, la pastelería y con pocos recursos, hoy se convirtió en una marca consolidada con miles de clientes y una fuerte presencia digital. La historia de Dulcefina está marcada por un antes y un después, en el que el arte y la era digital fueron sus principales aliados.
Un negocio familiar
Marino Picon y su esposa Lucy siempre habían tenido la idea de empezar con un negocio. Marino, un maestro chocolatero, decidió probar suerte desde la cocina de su casa y encontró en su esposa el apoyo que necesitaba para continuar con su idea.
Maluroka, nació en los años 90, una pastelería con un nombre peculiar debido al conjunto de letras de sus nombres con las de sus dos hijas, Rosalyn y Katherine. Lo que comenzó como un pequeño negocio casero, se logró mantener ante la crisis económica de aquella época.
Por su parte, Rosalyn, la hija mayor de ambos emprendedores, estuvo rodeada siempre de recetas pasteleras. Cada tarde, al regresar del colegio, ayudaba a sus padres en el negocio sin tener previo conocimiento de lo que hacía.
Su fascinación por este mundo creció entre libros y revistas especializadas que su padre coleccionaba. Aunque en sus inicios vendían productos a distribuidores con márgenes de ganacias mínimos, nunca dejaron atrás el deseo de expandirse.
Nacimiento de Dulcefina
Para 1994, la familia decidió que su pastelería necesitaba una identidad propia. Así nació Dulcefina, una marca que representaba su pasión por la repostería y sus delicados productos.
Rosalyn contagiada por el entusiasmo de sus padres, decidió aprender por su cuenta y convertirse en una autodidacta del rubro. Sin emabrgo, también optó por estudiar Administración de Empresas, sin imaginar que su destino siempre estuvo ligado a las pastelería artística. Para ello, decidió perfeccionar su técnica y viajó a Argentina y Colombia para tomar cursos. Más adelante, asistió a ferias en Estados Unidos, capacitándose continuamente.
Con el tiempo, Rosalyn decidió dar un nuevo paso en su carrera y abrió su propio taller de tortas artísticas, como una extensión de Dulcefina. Con poco capital, pero con una gran dosis de creatividad, colocó un anuncio en una revista con la esperanza de conseguir sus primeros clientes.
Su esfuerzo dio buenos resultados y, poco a poco, comenzó a recibir pedidos de tortas personalizadas con diseños de personajes animados de la época, como Elmo y Mickey Mouse.
El mundo del e-commerce
En 2016, Rosalyn decidió innovar con Dulcefina. Tras 15 años de experiencia, su hermana, Katherine, quien era contadora, se sumó más tarde al negocio, generando cambios en el emprendimiento.
Aunque Rosalyn dominaba el arte de preparar tortas, no tenía una estrategia clara para comercializarlas. Su amor por la repostería era tan grande que, en muchas ocasiones, no cobraba lo justo por su trabajo.
Aquí es donde Kathy intervino con ideas que ayudarían a crecer a la marca como diseñar empaques originales y, lo más arriesgado, lanzar una tienda virtual. Rosalyn dudaba, pues creía que vender tortas artísticas por internet era una locura, pero finalmente apostaron por esta idea, convirtiéndose en la primera tienda online de tortas artísticas en Perú.
No solo pusieron a disposición del público más de 300 productos, sino que también optimizaron sus procesos internos y mejoraron su atención al cliente con un canal directo por WhatsApp. Sin embargo, fue Instagram el canal que realmente marcó la diferencia. Inspiradas en estrategias de otras marcas, comenzaron a enviar tortas de cortesía en empaques cuidadosamente diseñados a influencers y figuras públicas.
Nuevas líneas de negocio
El éxito de Dulcefina llevó a sus fundadores a diversificar su oferta. Así nació Cake Express, una línea de listas de tortas para entrega con solo un día de anticipación.
Paralelamente, mantuvieron sus creaciones personalizadas, que requieren de una semana a dos meses de preparación, dependiendo de la complejidad. Estos últimos fueron protagonistas en bodas y eventos de personalidades del mundo político, artístico y del espectáculo en Perú.
Un año antes de pandemia, la empresa dio otro gran paso con el lanzamiento de Dulcefina Factory, una línea de insumos pasteleros que pone al alcance de sus clientes los mismos materiales que Rosalyn y su equipo utilizan para sus creaciones.
Dulcefina actualmente
Actualmente, cuenta con una tienda online, boutiques especializadas, presencia en redes sociales con tutoriales y transmisiones en vivo, venta de insumos y cursos de repostería. Su modelo de negocio destaca por la exclusividad, pues cada torta es única, adaptada a los gustos y necesidades de cada cliente. Gracias a esta filosofía, Dulcefina ha logrado más de 30 años de éxito en el mercado, con una demanda semanal de entre 200 y 250 pedidos.
Con un equipo de 30 colaboradores y una sólida estrategia de marketing, la marca ha trascendido fronteras. Sus tortas llegaron a países como México, Chile, Ecuador y Colombia, donde incluso se encargaron de la elaboración de un pastel para un evento especial.
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