Tesla presentó el jueves 15 de octubre la nueva generación de su Roadster, un superdeportivo eléctrico que se entregará desde 2028 en tres versiones. Dos de ellas, Performance y Thrust, ya se pueden reservar con depósitos de US$50,000 y US$250,000, respectivamente. La tercera, llamada Rocket, es la que vuela y solo se venderá por invitación.
La empresa no reveló el precio final de ninguna versión. Los montos anunciados corresponden solo a la reserva. En 2017, cuando mostró el primer prototipo, Tesla había fijado un precio base de US$200,000 y prometido entregas para 2020.
La presentación se realizó en un campo de pruebas de SpaceX en McGregor, Texas, con Elon Musk como anfitrión. «Resulta que el futuro sí tiene autos voladores», dijo el empresario, según Fox Business.
Un auto que vuela y otro que se pega al piso
En el escenario, el Roadster subió por una rampa que se volvía vertical hasta quedar invertido. Al terminar la pista, el auto giró 180 grados, encendió propulsores verticales, hizo un breve vuelo y aterrizó sobre sus cuatro ruedas para seguir andando.
El vuelo se llevó la atención, pero la tecnología con más aplicación práctica es otra. El auto puede circular pegado al piso incluso boca abajo gracias a un sistema de succión que sella los laterales de la parte inferior de la carrocería y extrae aire para crear un efecto de vacío. Eso le da un nivel de agarre muy superior al de un deportivo convencional.
Según Musk, algunas versiones aceleran de 0 a 96 km/h (60 mph) en menos de un segundo y superan los 370 km/h (230 mph) de velocidad máxima.
Tres versiones, un solo asiento para volar
Performance y Thrust son las versiones «de calle», para dos ocupantes, con prestaciones de superauto pero sin capacidad de vuelo. Thrust suma propulsores de aceleración. Rocket tiene un solo asiento, incluye el sistema de vuelo y no estará permitida en la vía pública.
Quienes reservaron el Roadster en 2017 y no desistieron de la compra podrán cambiar su reserva por la versión que prefieran del nuevo modelo.
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Por qué el auto volador sigue lejos
Más allá del espectáculo, un auto volador de uso masivo enfrenta barreras difíciles de resolver. Quien lo maneje necesitaría formación de piloto, al menos de helicóptero, por el despegue y aterrizaje vertical. En el aire no hay calles, cruces ni semáforos, y cualquier choque terminaría en tierra, sobre personas, viviendas u otros vehículos.
Ordenar ese tránsito exigiría un control total por inteligencia artificial, sin intervención humana. Hoy esa tecnología no está madura ni en tierra. El sistema de conducción autónoma de Tesla (FSD) es parcial, y los autos más avanzados del mercado llegan al nivel 3 de los cinco de asistencia a la conducción, en el que el conductor debe estar listo para retomar el control.
Tesla opera taxis sin conductor, los Cybercab, pero solo en zonas delimitadas de algunas ciudades, con el entorno previamente mapeado y a velocidades bajas.
Una campaña con pistas ocultas
El lanzamiento estuvo precedido de mensajes en clave. La imagen con que Tesla anunció la fecha del evento, en setiembre, escondía la frase «Where we’re going» («A donde vamos»), visible al sobreexponer la foto. Es una referencia a la película Volver al futuro, en la que el Dr. Emmett Brown completa la frase con «no necesitamos caminos» antes de despegar en un DeLorean volador.
La presentación estaba prevista para el 1 de octubre, pero Tesla la postergó al 15 de octubre por mal clima. Vista ahora, la razón también era una pista, porque un auto común no necesita buen tiempo para presentarse.