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Persiste la informalidad en más de 12 millones de trabajadores pese al auge del empleo formal, según el IPE

Los jóvenes son el único grupo que no recupera su nivel de empleo de 2019: faltan 330 mil puestos.

MEF informalidad Perú
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El mercado laboral peruano crece al ritmo de la economía, pero sigue con brechas de informalidad, productividad y empleo juvenil.

Entre julio de 2025 y junio de 2026 se crearon 299 mil empleos más que en el año previo, según la Encuesta Permanente de Empleo Nacional (Epen).

Los datos de planilla muestran que 260 mil fueron formales, es decir, cerca de nueve de cada 10, según el Instituto Peruano de Economía (IPE).

Desempleo mínimo y mayores ingresos

En Lima Metropolitana, la tasa de desempleo llegó a 4.4% en el tercer trimestre de 2026, su nivel más bajo desde que existen registros, en 2001.

A escala nacional, los ingresos laborales subieron 6.4% en términos reales en el último año.

Es su mayor ritmo desde 2007, sin contar el rebote posterior a la pandemia.

Siete de cada 10 trabajadores no tienen beneficios laborales

Pese a ese avance, cerca de 12.3 millones de los 17.7 millones de trabajadores del país son informales, alrededor del 70%.

La mayoría no accede a beneficios laborales y gana menos: un trabajador formal percibe, en promedio, tres veces más que uno informal.

La informalidad pesa más en regiones del centro y sur con agro tradicional, como Cajamarca (89%), Puno (88%) y Apurímac (87%).

Es menor en zonas de la costa con más inversión privada, como Lima (55%), Ica (58%) y Moquegua (59%).

El Perú también queda rezagado en la región. Según el Índice de Calidad de Empleo 2026 del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el país obtiene 29.2 puntos sobre 100, frente a un promedio latinoamericano de 40.6 y a los 62.5 de Chile.

El índice mide la tasa de formalidad y la proporción de personas en edad de trabajar con ingresos suficientes para superar un umbral básico de pobreza.

Además, frente a países con un PBI per cápita similar, la informalidad peruana está 10 puntos porcentuales por encima de lo que le correspondería.

Esto también golpea la productividad. Un trabajador formal produce seis veces más que uno informal, y el trabajador peruano promedio rinde la mitad que el chileno.

Ocho de cada 10 trabajadores formales tienen contrato temporal

Incluso dentro del empleo formal hay problemas.

Cerca del 80% de los trabajadores formales tiene contrato temporal o a plazo fijo, frente al 26% en Chile y al 11% en promedio en la OCDE.

Así, estos trabajadores no acumulan experiencia, no acceden de forma continua a la protección social y tienen menos opciones de mejorar sus ingresos.

El IPE atribuye esta situación a una interpretación del Tribunal Constitucional de 2001, que extendió la reposición en el puesto a los despidos sin causa justificada.

Eso volvió el despido más incierto y costoso, por lo que las empresas prefirieron los contratos temporales.

A ello se suma una fiscalización que no apunta a los focos de informalidad: cerca del 80% de los esfuerzos de la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (Sunafil) se concentra en trabajadores que ya son formales.

Este enfoque prioriza las sanciones sobre la promoción de la formalización y, en la práctica, se ha centrado en empresas grandes, con bajos resultados entre las mypes.

Frente a ello, el IPE y otras organizaciones proponen reducir la incertidumbre al contratar y despedir, con prioridad para la indemnización sobre la reposición, salvo en despidos nulos graves.

También plantean que Sunafil se enfoque en promover la formalización en los sectores y regiones con mayor informalidad, y que se prohíban los incentivos al personal ligados al monto de las multas.

Los jóvenes aún no recuperan el empleo prepandemia

Los jóvenes de 15 a 29 años son el único grupo que no recuperó el nivel de empleo previo a la pandemia.

Al segundo trimestre de 2026 aún faltaban 330 mil empleos juveniles frente a 2019.

Además, el 75% de los jóvenes que trabajan es informal, frente al 65% de quienes tienen entre 30 y 44 años y al 66% de quienes tienen entre 45 y 59.

En 2025, el 17% de los jóvenes no estudiaba ni trabajaba (Nini). La proporción sube a 22% entre las mujeres, casi el doble que entre los hombres (12%).

Una razón es la carga de tareas del hogar: una de cada cuatro mujeres jóvenes que no buscan trabajo dice que los quehaceres domésticos se lo impiden. Entre los hombres, es el motivo menos mencionado.

Lo que estudian los jóvenes no calza con lo que piden las empresas

También pesan la falta de información y el desajuste entre la formación y la demanda laboral.

En 2025, el 55% de los egresados universitarios de 25 a 35 años trabajaba en ocupaciones que no requieren estudios superiores.

Al mismo tiempo, ocho de cada 10 empresas dicen tener dificultades para hallar personal calificado.

Otro obstáculo es el financiamiento: el 24% de los Nini menores de 25 años no estudiaba por problemas económicos.

Para fortalecer la empleabilidad juvenil, el IPE y otras organizaciones proponen mejorar la plataforma Mi Carrera con información actualizada sobre empleabilidad, ingresos y trayectorias de los egresados.

También plantean crear créditos educativos respaldados por un fondo de garantías público-privado y becas financiadas por empresas para carreras prioritarias, así como impulsar la formación dual, que combina estudios con experiencia práctica en empresas.

A estas medidas se suma el subsidio a la contratación formal de jóvenes de 18 a 25 años, con el objetivo de reducir los costos de incorporación al mercado laboral sin recortar sus derechos laborales.