El 29 de diciembre pasado, Forbes publicó su lista de los diez destinos imperdibles para el turismo de aventura en 2026. Perú apareció en ella. No por Machu Picchu —ya todos lo saben— sino por Huaraz, capital de Áncash, con sus rutas de trekking de clase mundial y circuitos que van desde los cuatro días de Santa Cruz hasta los doce días de la Cordillera Huayhuash. El mundo, básicamente, nos está mirando de frente y con una admiración renovada hacia destinos que van más allá de lo clásico.
Y sin embargo, en el debate cotidiano sobre carreras profesionales en el país, el turismo sigue siendo el gran ausente. Se habla de ingeniería, de derecho, de administración, de tecnología. Rara vez aparece en esas conversaciones el perfil que, en realidad, da vida a toda esa proyección internacional: el guía de turismo.
Vale la pena detenerse en lo que significa ese rol. Un guía no es un acompañante con micrófono. Es el intérprete de una civilización. Es quien convierte una piedra milenaria en una experiencia que el visitante recordará durante décadas. Es quien maneja grupos, gestiona emociones y se adapta a los idiomas sin perder el hilo de sus relatos. El liderazgo, la comunicación, la sensibilidad intercultural y la capacidad de crear experiencias memorables no son rasgos secundarios de esta profesión; son su núcleo.
Aquí es donde instituciones como el CENFOTUR juegan un rol estratégico. Con más de 47 años formando profesionales en turismo y hotelería, y siendo el primer instituto superior del país con la certificación TedQual otorgada por ONU Turismo, antes conocida como la Organización Mundial del Turismo (OMT), representa una apuesta concreta del Estado por la formación de ese capital humano.
Teniendo instituciones de gran nivel la pregunta entonces ya no recae en las ofertas educativas. Sino, si los jóvenes peruanos están siendo orientados hacia ella con la misma intensidad con la que el país promueve sus destinos a nivel internacional. En esa línea, las oportunidades laborales son amplias y diversas: agencias de viajes, operadores turísticos, sitios arqueológicos, proyectos de aventura y naturaleza, así como emprendimientos propios enfocados en diseñar experiencias para viajeros nacionales e internacionales.
Mientras Forbes nos coloca en el radar internacional, el país necesita con urgencia más profesionales con gestión de grupos, comunicación intercultural, sostenibilidad, manejo de crisis, innovación de experiencias turísticas, entre otras competencias para mantenernos a ese nivel. El turismo sostenible no se construye solo con paisajes, se construye con personas preparadas para interpretarlos y gestionarlos responsablemente.
Quizá sea hora de repensar qué significa elegir una carrera con futuro. No todas las oportunidades están detrás de un escritorio. Algunas están en las montañas, en los caminos, en las historias que el Perú tiene para contarle al mundo. En ese camino, instituciones como CENFOTUR cumplen un rol clave al formar a los profesionales que harán posible que esa riqueza se traduzca en experiencias de calidad. Porque, al final, son los guías turísticos quienes tienen en sus manos convertir un paseo en una experiencia inolvidable.