El Banco Central de Reserva (BCR) recortó su proyección de crecimiento del sector pesca para 2025 de +2.0% a -6.6%, y ajustó la manufactura primaria de 3.1% a -0.2%, ante el inicio del estado de alerta por el Fenómeno El Niño Costero (FEN costero).
El organismo advirtió que el mayor impacto se concentraría en la segunda temporada de anchoveta, que usualmente ocurre entre noviembre y enero.
El cambio en las proyecciones refleja la experiencia histórica: en los años recientes de FEN costero, la mediana de captura de anchoveta en la zona norte-centro se redujo 48% en la primera temporada y 67% en la segunda, lo que equivale a una caída de 57% considerando ambas campañas.
En casos extremos, el fenómeno directamente canceló temporadas completas: en 2014 no se abrió la segunda temporada norte-centro, y en 2023 no hubo primera temporada sino solo pescas exploratorias.
La decisión de abril
El 23 de marzo culminó el crucero exploratorio que evalúa las condiciones biológicas de la anchoveta en el litoral peruano. Con base en esos hallazgos, se espera que el Ministerio de la Producción (Produce) defina a inicios de abril la fecha de apertura y la cuota de la primera temporada de pesca norte-centro.
Esa decisión quedará condicionada al monitoreo climático del resto del año. Si las condiciones se vuelven más cálidas, también se vería afectada la biomasa disponible para la segunda temporada.
¿Qué tan fuerte puede ser el fenómeno?
Según el Índice Costero El Niño (ICEN) del Instituto del Mar del Perú (Imarpe), las anomalías de temperatura a febrero aún se mantienen dentro del rango neutro, pero muestran una trayectoria ascendente similar a la observada antes del FEN costero del 2023, que alcanzó magnitud fuerte.
Al 13 de marzo, la Comisión Multisectorial ENFEN estimó una probabilidad superior al 50% de que un FEN costero débil o moderado persista hasta fin de año.
La señal más preocupante viene del norte: la estación de Paita registró anomalías de hasta 4°C entre febrero y marzo, el doble del máximo registrado en Chimbote en el mismo periodo.
El agro también en riesgo
Más allá de la pesca, el FEN costero afecta la campaña agrícola con consecuencias concretas en precios y exportaciones. En los últimos 15 años, los cultivos de exportación crecieron en promedio 10% en años sin FEN costero, pero solo 4% cuando el fenómeno se presentó.
La mayor diferencia se concentra en septiembre y octubre, con caídas de entre 3% y 4% por menor producción de arándano.
El BCR advirtió impactos específicos en frutas de exportación. La producción de limón del segundo semestre —que representa cerca del 40% de la producción anual— podría verse afectada por condiciones cálidas en agosto.
El mango y la uva de fin de año —30% y 45% de su producción anual, respectivamente— quedarían expuestos si el calentamiento se intensifica a mediados de año. El banano orgánico también enfrenta riesgo de inundaciones en campo.
El agro tradicional acumula vulnerabilidades estructurales que agravan el escenario. Al 2024, el 66% de la superficie agrícola nacional dependía de lluvias para su riego. En regiones agroexportadoras como Ica, Lambayeque y Tumbes, más del 60% de la superficie agrícola está en riesgo de inundaciones.
Prevención con presupuesto en caída
La capacidad del Estado para mitigar los efectos del FEN enfrenta una restricción presupuestaria relevante: la inversión destinada a obras de prevención cayó más de 30% en los últimos dos años. Ese recorte ocurre en un contexto en que el fenómeno afecta al país de manera recurrente y donde los daños históricos han sido severos.
En 1983, un FEN de magnitud extraordinaria provocó una contracción del PBI de 10.4%. Episodios similares generaron contracciones en 1998 y 2023, mientras que en 2017 causaron pérdidas significativas y una desaceleración de 1.5 puntos porcentuales en el crecimiento económico.
La respuesta institucional —y la velocidad con que se tomen decisiones en pesca y agricultura durante las próximas semanas— determinará en buena parte la magnitud del impacto sobre la economía peruana este año.