Políticos creativos

Políticos creativos

Por Deyvi Saavedra Ordinola, especialista en Gestión Cultural. Foto: Koko Zavala.

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Durante diciembre pasado tuvimos un breve pero intenso debate con quince promotores y gestores culturales de la ciudad en torno a los avances de la cultura y la creatividad en Piura. El marco de ello era un seminario especializado en planeación del desarrollo cultural y el énfasis de los temas giraban en torno a la economía creativa y cómo las artes y las manifestaciones culturales podían dialogar en términos programáticos y cuantificables con los decisores políticos y hombres de las estadísticas, los presupuestos y las finanzas.

Las cifras que se presentaron en aquel momento denotaban que el sector tenía un conjunto de aportes a la economía mundial muy atractivos en cuanto a inversión, retorno financiero, exportaciones y comercio regional. Si la Economía Creativa fuera una potencia económica, ocuparía el cuarto lugar con 4,29 billones de dólares y el noveno lugar como exportador de servicios y bienes con 646 mil millones de dólares.  En el contexto americano, ocuparía el tercer y séptimo lugar respectivamente. En México genera poco más de 55 mil millones de dólares y emplea más de 5.300 millones de trabajadores, mientras que en Colombia llega a los 11 mil millones y 1.160 millones de trabajadores directos.

Para el caso peruano, la economía creativa gira en torno a los 5 mil millones de dólares y emplea 660 mil trabajadores, destacando segmentos como el audiovisual, el editorial y el patrimonio cultural. Sin embargo, al carecer de estudios regionales, no podemos conocer con un mínimo detalle el aporte y la dinámica económica de la misma, aunque los números nacionales nos brindan un atractivo panorama.

Y es este atractivo panorama el que debemos aprovechar para motivar a nuestros políticos a mirar el sector como un espacio de acción de importantes oportunidades de crecimiento en nuestras ciudades, además del legajo de beneficios y retornos sociales que sólo la cultura puede ostentar. Precisamente, en el seminario que realizamos quedó nuevamente en evidencia la necesaria y estratégica participación que debe tener el Estado para promover y apoyar la dinamización de las industrias creativas o de sectores como el patrimonio para el mejor desempeño turístico.

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De manera que estando ya en carrera electoral subnacional, se vuelve impostergable que nuestros movimientos y partidos políticos tengan en la mira los sectores creativos y armen planes de gobierno o estrategias pensando también en ellos, articulándolos con otros sectores como turismo o desarrollo urbano. Necesitamos políticos creativos que vean –mejor aún, que nos ayuden ver- más allá de una rehabilitación de pistas o un proyecto de alcantarillado. Deben ver en las políticas culturales una herramienta y un proceso para generar cambios y mejoras tanto conyunturales como de fuerte raigambre.

“Las políticas culturales proponerse reconfigurar las relaciones sociales a partir de paradigmas que, en su desidentificación con el orden existente –vale decir, en su lógica de contemporánea del capital-, pongan en práctica algunos postulados básicos: la crítica al pensamiento unitario, la desestabilización de toda identidad definida como suturada, la construcción de una nueva hegemonía cultural basada en articulaciones de diversos sectores sociales y la búsqueda –trascendental, sin duda- de una mayor igualdad económica (…)” (Vich, 2014: 56)

El trabajo político sobre la economía creativa se presta en estos momentos a sentar bases prometedoras para cambios que darán mayor sentido, cohesión y bienestar a la sociedad en la que vivimos. Veremos qué tan creativos son nuestros políticos para aceptar el reto.