Cultura a la medida

Cultura a la medida

Por Deyvi Saavedra Ordinola, Gestor de Proyectos e Investigador de Economía Creativa. FOTO: Cinencuentro

Ya lo habíamos planteado en una primera nota en este portal y ya es un tema de largo análisis y denuncia. Al sector Cultura le faltan números para afr

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Ya lo habíamos planteado en una primera nota en este portal y ya es un tema de largo análisis y denuncia. Al sector Cultura le faltan números para afrontar el discurso capitalista y consumista de buena parte de los dirigentes de nuestros países y regiones.

Bien sabemos o podemos intuir la importancia sustancial de lo cultural en nuestras vidas, pudiendo hablar en términos de productos concretos (i.e. sitios arqueológicos con turismo potente) o modos de vida y actuación (i.e. inclusión y hermandad frente a nuestros platos gastronómicos), pero hay algo que no encaja en la vida estadística de nuestros días: no sabemos el impacto de lo que se gasta en estos temas, el número de beneficiarios, las cifras de retorno de la inversión o cuánto se han logrado las metas.

En este panorama se movió recientemente un debate algo mediático sobre un nuevo proyecto de ley para el cine peruano que busca impulsar esta industria cultural, sobre todo en cuanto a producción, y que ha sido aplaudida por diferentes grupos convencidos que la pantalla grande es una de las artes que mayor protagonismo tiene en la construcción identitaria de nuestras sociedades contemporáneas.

Sin embargo, algunos la han rechazado por tratarse –dicen- de un “malgasto irresponsable”, una industria que sólo le compete al “mercado” o la necesidad de priorizar la salud pública y la educación rural (como si los otros sectores no tuvieran presupuesto, si deberíamos más bien esperar que se resuelva todo para recién pensar en la cultura “bonita y accesoria” o dejarlo finalmente todo al dios empresario y el santo consumo).

Frente a ello, lo cierto es que no contamos con indicadores y cuentas detalladas para sustentar la idoneidad y oportunidad de invertir en cinematografía peruana frente a otras artes o servicios culturales, y conocer sus probables bondades en la economía, el trabajo, el turismo o la exportación.

Hace poco se presentó los resultados de la Cuenta Satélite de Cultura para los países andinos y Perú registró para el sector audiovisual cerca de 415 millones de dólares en Valor Agregado Bruto (VAB) en 2007, siendo alrededor 806 mil dólares los involucrados con la producción de cine (en Colombia el sector llegó a los 1, 300 millones de dólares en VAB ese mismo año y para 2014 casi lo duplicó). Pero las cifras de ese año son las únicas que tenemos con cierto desglose y tampoco se logra apreciar el vínculo entre la inversión estatal y los resultados de la misma, como si pasa en el caso colombiano.

Entonces, lo que debemos buscar es engrosar y pulir nuestros argumentos económicos en favor de la industria cultural y su promoción desde el Estado. Y ello involucra que el Ministerio de Cultura y el MEF se tomen la tarea en serio y vean de manera prioritaria el generar las cuentas nacionales del sector Cultura y desarrollarlas de manera anual por lo menos. Sólo así podremos dejar de titubear cuando pidamos el aporte de lo público en los bienes y actividades socioculturales.

El apoyo a la producción cultural es fundamental para un país de gente creativa como la nuestra, acompañándose también del empuje en distribución y difusión. Allí tenemos un mecanismo para seguir potenciando nuestros valores como también debatir y confrontar los agudos temas para la justicia y la libertad.

Afirma Víctor Vich: “(…) se trata de gestionar las actividades culturales en el interior de un proyecto de democratización social –un proyecto hacia una nueva socialización política- que haga que los objetos culturales circulen por distintos circuitos de recepción y que puedan convertirse en dispositivos generadores de reflexión ciudadana y de conocimiento mutuo de las culturas”. (2014: 72).

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